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Carmelo Jordá

Las patochadas de Más Madrid

La izquierda madrileña no ha entendido el principio básico de la civilización. Mis mascletás por sus batucadas.

La izquierda madrileña no ha entendido el principio básico de la civilización. Mis mascletás por sus batucadas.
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La polémica de la mascletá celebrada en Madrid el pasado fin de semana ha sido de las más ridículas que recuerdo, pero también de las más significativas: en pocas ocasiones la izquierda ha mostrado de una forma tan evidente no sólo su estupidez, sino también sus miserias morales; quizá nunca se haya hecho tanta demagogia con algo tan banal y de tan poca importancia e interés real, ni se ha mentido con tanto descaro y, dicho sea de paso, falta de habilidad.

Todos los años en Valencia se celebran una veintena de mascletás durante las Fallas, diecinueve de ellas en otros tantos días consecutivos desde el 1 de marzo hasta San José. Y pese a lo que según Más Madrid y el PSOE sería un despliegue insólito de barbarie, la ciudad sigue ahí al lado del Turia y, esto les volará la cabeza: tiene sus pajaritos y todo.

Que un espectáculo pirotécnico fuese a acabar con una población de aves era una crítica de aurora boreal: a ver, señores, una de las características más llamativas de la mayor parte de las aves es, precisamente, que vuelan, así que lo lógico era pensar que al segundo petardazo todos esos pájaros amenazados –que tampoco es que estemos hablando de la avifauna de la Amazonia, todo hay que decirlo– estarían ya perfectamente a salvo muchos metros más allá.

Tan es así que la única víctima mortal de la mascletá se la ha tenido que inventar Más Madrid, que sacó a pasear a un pato muerto como si los patos fueran elfos inmortales, inmunes a todo mal natural y sólo susceptibles de ser asesinados con oscuras artes de Mordor o petardos valencianos. ¿Pero cómo pueden ser tan tontos? Finalmente ha pasado lo que desde el primer momento estaba claro que iba a pasar: que se ha demostrado que la pobre ánade estaba muerta antes de la mascletá a saber por qué.

Además del presunto genocidio aviar esta izquierda liberticida ha esgrimido otra razón de similar peso para prohibir la exhibición pirotécnica: que iba a molestar a la gente, especialmente a algunos colectivos concretos como los dueños de perros o los padres de niños con autismo. Toda mi empatía para los segundos, sin duda, pero como empecemos a prohibir las cosas porque le molestan a alguien nos vamos a meter en un lío. Por ejemplo: frente a los dueños a cuyos perros les molestan los petardos podríamos estar aquellos a los que nos molestan los perros, sus ladridos, verles cagar y mear por la calle y que se nos acerquen con sus babas. Sí, ya sé que es impopular decirlo, pero a algunos de nosotros no nos gustan los perros e incluso nos molestan y no por ello salimos indignados a pedir que se prohíban.

La vida en sociedad es así: para no convivir con cosas que te molesten tendrás que ubicar tu residencia en el pico de una montaña –¡y bastante alta!– y no en el centro de una capital europea. Pero resulta que la izquierda madrileña en general y Más Madrid en particular todavía no han entendido ese principio básico de la civilización que es que tú soportas lo que te molesta de mí a cambio de que yo soporte lo que me molesta de ti. Mis mascletás por sus batucadas.

Como se dice por las redes sociales: vosotros sois muy jóvenes y no os acordáis de cuando la izquierda tenía por bandera la tolerancia. Os voy a confesar una cosa: yo tampoco.

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