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José García Domínguez

La izquierda ha muerto, viva la izquierda

Solo una nueva izquierda españolista, centralista y estatista puede inclinar la balanza del lado de lo común frente a lo disolvente y particularista.

Solo una nueva izquierda españolista, centralista y estatista puede inclinar la balanza del lado de lo común frente a lo disolvente y particularista.
Guillermo del Valle, rostro visible de Izquierda Española. | C.Jordá

Lo que nos distingue a los que somos nacionalistas españoles, pero no nacionalistas románticos españoles, es que sabemos que los Estados europeos remiten a entes que hunden sus raíces en la Baja Edad Media, mientras que las naciones surgieron mucho más tarde, en el XIX, y sólo gracias al esfuerzo tenaz y deliberado de esos mismos aparatos estatales preexistentes. Porque, sin un estado fuerte, no hay nunca nación posible. El problema de España no es que Pedro Sánchez encarne a un madrileño muy soberbio y muy malote, sino que el Estado fue incapaz en su momento, por razones complejas que ahora no vienen al caso, de implantar el imaginario nacional en la integridad del territorio sometido a su soberanía. Algo que ya va a tener muy difícil remedio un par de siglos después, si es que lo tiene.

De ahí, por lo demás, que los nacionalistas españoles queramos un Estado grande, fuerte y muy intervencionista, asunto que provoca auténtico repelús tanto entre las derechas minarquistas como en la izquierda posmoderna y multiculti, la oficial. Contemplado con una perspectiva temporal amplia que alcance desde la Transición al instante presente, lo que se constata es un empate crónico en la materia: las fuerzas centrífugas no resultan lo bastante fuertes como para romper de una vez la soberanía única, pero las centrípetas tampoco acumulan la energía suficiente como para lograr afirmarla en el tiempo.

Algo que se refleja en las Cortes, donde nunca la derecha o la izquierda pueden prescindir de la tutela interesada de los separatistas catalanes y vascos. Y ese "nunca" incluirá también a Feijóo si algún día logra llegar a la Moncloa. El empate crónico lo podría haber roto Vox. Pero Vox es un proyecto fracasado que no fue capaz de ampliar el espectro electoral de la derecha por la vía del populismo interclasista. Eso no sirve. Ahora es el momento de la izquierda jacobina. Porque solo una nueva izquierda españolista, centralista y estatista (sí, sí, estatista) puede inclinar la balanza del lado de lo común frente a lo disolvente y particularista. Y en las próximas europeas se tendrá que ver.

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