
El presidente Sánchez ha vuelto a mentir. Así, acaba de sentenciar que en ocasiones como esta, España ofrece lo mejor de sí misma. Y todos sabemos que no es cierto. Bien al contrario, y los ejemplos darían para llenar solo con su enumeración el espacio de pantalla que tengo previsto ocupar con esta columna, España acostumbra a exhibir lo peor de sí misma durante las grandes catástrofes, esos episodios colectivos críticos que en otros lugares suelen desencadenar grandes corrientes de unidad y solidaridad patriótica por encima de las divisiones ideológicas y partidarias.
Nosotros, los españoles, que poseemos muchos rasgos comunes de los que tenemos legítimo derecho a sentirnos orgullosos, también arrostramos, en tanto que comunidad nacional, características vergonzosas e incluso miserables. La peor, sin duda, de esas lacras de familia casi genéticas es el cainismo. El espectáculo de las principales fuerzas del Parlamento discutiendo a voz en grito, con la acalorada agresividad de una jornada cualquiera, sobre si se debía cerrar o no la Cámara, todo ello mientras se siguen extrayendo cadáveres del barro, ha servido para recordarnos que hay patologías colectivas, como esa tan nuestra, que quizá no tengan cura por mucho que pase el tiempo.
Porque no hay manera. Llámese el desastre Prestige, 11-M o Covid 19, solo por mencionar los tres más recientes en el calendario, la reacción habitual en nuestra tribu es buscar cuanto antes argumentos, y cuantos más mejor, para responsabilizar a los contrarios de las consecuencias de lo acontecido. Qué le vamos a hacer, somos así. Y esta DANA no va a constituir la primera excepción de esa norma, por cierto. Hay un esencial consenso en torno al sentido de la responsabilidad, el exigible en cualquier país a las élites políticas cuando se producen situaciones críticas que afecten a una parte o a toda la comunidad, que en España, y por razones que yo soy incapaz de identificar, no se produce nunca, pese a la retórica oficial en sentido contrario. Vayamos preparando el estómago, pues, para contemplar a unos y otros tirándose los muertos a la cabeza durante las próximas semanas.