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Cristina Losada

No votan a Bildu por ecolo y feminista

El mapa político vasco actual no se puede entender sin las décadas de asesinatos, secuestros, extorsiones y terror que allí se vivieron.

El mapa político vasco actual no se puede entender sin las décadas de asesinatos, secuestros, extorsiones y terror que allí se vivieron.
Arnaldo Otegi y Pello Otxandiano, líderes de EH Bildu | Europa Press

Hace años que los socialistas no toleran que, en la arena política, se recuerde que la ETA existió y sus secuelas existen. A quien lo hace, le dicen crudamente que cuánto echa de menos a la organización terrorista. O que su deseo recóndito es que siguiera matando. Desde que pactan con Bildu, mayor es su intolerancia hacia el recuerdo de la acción terrorista y la mención misma de las siglas. Dirigentes como Patxi López llegaron a conceder a Bildu un pedigrí democrático intachable y siempre superior al de fuerzas políticas de la derecha. Hasta que llega una campaña electoral y los socialistas vascos necesitan apelar a unos votantes que sí recuerdan que la ETA existió y saben que Bildu tiene que decir algo al respecto. De ahí que Andueza, su candidato, hiciera lo que tanto ha criticado su partido, y en un debate, mencionó las siglas tabú para emplazar a la representante de Bildu a condenarlas. La emplazada calló, silencio total. Cómo va a condenar a la nave nodriza.

Fue visto y no visto. Mención, petición, silencio y a otra cosa. Porque todo se desarrolla como si ETA no hubiera existido y sus secuelas tampoco. Gracias a esta evasión, se ha instalado una aparente normalidad que más de uno aplaude: qué bien que no se tenga que hablar ya del terrorismo. Se da a entender que hablar de ello no viene a cuento, que es anacrónico, tan anacrónico como lo sería hablar ahora de las guerras carlistas. Pero el propio terreno desde el que se habla está contaminado por la acción del terrorismo. Esa acción cruelmente prolongada, persistente y sistemática ha determinado la configuración del escenario político vasco. El mapa político vasco actual no se puede entender sin las décadas de asesinatos, secuestros, extorsiones y terror que allí se vivieron, sin sus efectos directos e indirectos, sin los estragos que causó en la política y en la población, una parte de la cual se vio impelida a marcharse.

Luego está la otra parte. La que contribuyó a que se marcharan tantos y a que se asesinara a muchos. Una de las ingenuidades más frecuentes, quizá fingidas, es la que pone el "a pesar de" cuando se habla del apoyo a ETA: la apoyaban a pesar de que mataba. Los fingidos ingenuos no lo quieren saber, pero la apoyaban "porque" mataba. Eso mismo pasa con todos los autores del crímen político. No reciben apoyo y complicidad a pesar de que matan; reciben apoyo y complicidad porque matan. Porque hacen uso del supremo poder de eliminar al enemigo. La exhibición del apoyo al asesinato será más notoria o más reservada, en función de la tolerancia del entorno, pero ha existido y seguirá existiendo. En el entramado de ETA, la celebración del asesinato fue evidente durante mucho tiempo. Ahora lo es de modo encubierto a través de los homenajes que rinden a los pistoleros. El culto al crimen político le dio la red de apoyo y el prestigio. Cómo no van a mantenerlo.

Los ingenuos, tremendas criaturas, dicen que a Bildu le votan hoy los jóvenes por su feminismo y por su ecologismo. Son temas que jamás interesaron en la nave nodriza ni por casualidad. Puede que a la juventud le interesen, no diremos que no. Pero el interés de Bildu, su prestigio y su aureola, no proceden de su fingida afición a los pasatiempos posmodernos. Su prestigio viene, y más para una juventud, de que son los herederos de los que mataron. No sólo los herederos. Ahí está Otegi, que fue de ETA militar.

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