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Emilio Campmany

¡Otra carta!

A quién tiene que pedirle cuentas Sánchez es a su fiscal general, que, con tal de agradar al señorito, se dio más prisa de la que convenía.

A quién tiene que pedirle cuentas Sánchez es a su fiscal general, que, con tal de agradar al señorito, se dio más prisa de la que convenía.
Pedro Sánchez. | EFE

En las democracias, los gobernantes se dirigen a los gobernados con discursos en el Parlamento y a través de ruedas de prensa que permiten a los diputados de la oposición y a los periodistas, en nombre del pueblo, replicar y repreguntar al presidente. Los dictadores prefieren comunicarse con los súbditos sin intermediarios, con alocuciones televisivas o entrevistas alfombra para que el ciudadano no tenga ocasión de preguntar. Las cartas que ha tomado por costumbre dirigirnos el presidente responden a esa misma lógica. Son propias de dictadores, aunque Sánchez no lo sea. Pero, ya que no podemos impedir que nos las dirija, al menos podría tener el detalle de publicarlas a primera hora de la tarde para que el comentarista de turno no tenga que tirar al cesto de los papeles el artículo que la misiva del presidente le ha dejado viejo antes de ser publicado.

En cuanto al contenido, se queja el presidente de que el juez ha comunicado la citación como investigada a Begoña Gómez en plena campaña electoral. Sin embargo, olvida que llevamos en poco más de un año seis convocadas, unas municipales y autonómicas, unas generales, unas gallegas, unas vascas, unas catalanas y unas europeas. El juez que durante estos últimos doce meses hubiera querido que sus resoluciones no afectaran a ningunos comicios, habría tenido que abstenerse de dictarlas.

Acusa luego a Feijóo y a Abascal de querer quebrarle con acusaciones falsas. Las acusaciones por las que está citada su mujer no las han proferido ninguno de los dos. Provienen de una denuncia basada en informaciones periodísticas. Y su mujer no está citada porque esta o aquella organización o este o aquel líder haya dicho no sé qué cosa, sino porque la Audiencia Provincial de Madrid ha dicho que hay indicios de delito y hay que investigar. Ese auto no se dictó motu propio ni a petición del instructor, sino porque la Fiscalía recurrió la admisión a trámite de la denuncia. Y lo hizo con tal celeridad que dio lugar a que la Audiencia resolviera antes de las elecciones y que el juez así tuviera que citar sin más dilación a la investigada. A quién tiene que pedirle cuentas Sánchez es a su fiscal general, que, con tal de agradar al señorito, se dio más prisa de la que convenía.

Termina el presidente su insufrible epístola augurando que la injusta investigación a Begoña impulsará a las huestes socialistas a votar en masa al PSOE y callar así la boca a los difundidores de bulos y repartidores de fango. Las inmaculadas papeletas socialistas lavarán el honor herido de su mujer. Podía haber empezado por ahí. A lo mejor el juez, obrando a órdenes de Conde-Pumpido, está tratando de hacerle un favor. Acabáramos. ¡Lástima que la acusación de apropiación indebida por haber Begoña Gómez patentado a su nombre una aplicación informática que no diseñó ella no llegue a tiempo de las elecciones del domingo!

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