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Luis Herrero Goldáraz

El día B

"Por Begoña y por Europa, impediremos que sucumba el Muro Atlántico".

"Por Begoña y por Europa, impediremos que sucumba el Muro Atlántico".
Teresa Ribera, cabeza de la lista al Parlamento Europeo, abrazada a Begoña Gómez, que hace lo propio con María Jesús Montero. | Flickr PSOE

Compañeros, camaradas, puño en alto:

Lo fácil sería decir que nunca fue tan fácil salvar Europa. Basta con acudir a un colegio electoral este domingo y no equivocar el sobre. Ni siquiera es necesario madrugar. El calendario ha querido, además, que durante el trayecto podamos compararnos con aquellos jóvenes que dieron la vida por salvarla la última vez, hace ya ochenta años, en las playas normandas. Va a ser difícil no sentir el vértigo de la responsabilidad durante el trémulo paseo que nos lleve de las mesitas con panfletos a nuestra urna correspondiente, sabiendo que quizá no haya ametralladoras apostadas en mortíferos barrancos, pero sí un ideal que preservar y una amenaza a la que hacer frente si lo que queremos es garantizar nuestro futuro, que es el de todos, por supuesto, pero sobre todo el de Begoña Gómez.

Tiene sentido que sea ella la que guíe nuestros pasos en esta larga noche que amenaza con apagarlo todo. Y lo tiene porque hace ya bastante tiempo que se convirtió como una mártir en un símbolo y en un reclamo, uno de esos ideales que nos orientan cuando tenemos que hacer frente a los mayores sacrificios y que consiguen que merezca la pena hasta bajar al fango a dar la vida. Y también a arrebatarla. Forzar los engranajes de nuestra ética particular, llegado el caso. O sobrellevar desgarraduras de conciencia que nos obliguen a elaborar sobre la marcha nuevas filosofías capaces de mantenernos siempre a flote. La duda es caprichosa cuando la Historia arrecia, pero es precisamente en estos momentos críticos cuando hay que apretar los dientes con más fuerza. Luchar por Begoña es, entre otras cosas, abrirle las tripas a la razón para justificar sus atropellos. Conquistar el convencimiento de que a veces defender el Bien, con B de ella, exige hacerse enemigo de lo bueno.

Por Begoña, Pedro no dudó en aparcar sus responsabilidades. Begoña bien valió cinco días sin cabeza de Gobierno, dubitativa como estaba sin saber qué es el poder si no protege a lo que más se ama. Cuando volvió, al fin recuperado, Begoña era ya un concepto metafísico. Un norte al que apuntar. Un paraíso. Podíamos hablar de ella o hablar de la Justicia, eran lo mismo. Y elaborar para salvarla complejos requiebros lógicos según los cuales desconfiar de la segunda es lo que nos permite mantener la confianza en la primera. Son las cosas de la guerra, con sus eternas paradojas. Tampoco tiene sentido que nos detengamos a cuestionarlas. El mismo acto de fe que nos explica que hay que abrazar la esclavitud para ser libres es el que aplica ahora que decimos que es necesario controlar a la prensa para salvaguardar su independencia. No queda otra. Todos sabemos, ni siquiera nos es difícil comprenderlo, que si queremos romper los grilletes que mantienen cautiva a nuestra débil democracia tenemos que ser nosotros quienes la esposen.

En nombre de Begoña habrá que ir a la paz contra quien sea. Y pelear por la concordia en cualquier sitio. El momento es crítico, nadie lo niega, pero el espíritu está presto. Así que en pocas horas celebraremos la victoria. Este domingo, ella será nuestro estandarte. En torno a él escavaremos las trincheras. Con nuestros votos, protegeremos las altas cimas de las urnas. Y no desfalleceremos cuando, a lo lejos, contemplemos acercarse al enemigo a nuestras playas. La hora está llegando, el amanecer se acerca. Por Begoña y por Europa, impediremos que sucumba el Muro Atlántico.

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