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Federico Jiménez Losantos

Las dos derechitas de Sánchez arremeten contra la Corona

La oposición al sanchismo se fragmenta a la venezolana, entre la demagogia desatada de los jóvenes y la vileza de los viejos.

La oposición al sanchismo se fragmenta a la venezolana, entre la demagogia desatada de los jóvenes y la vileza de los viejos.
Alvise Pérez | Europa Press

Santiago Abascal definió con mucho éxito al PP de Rajoy, reeditado por Casado, como "la derechita cobarde". Aznar se puso chulo, con lo de "eso no me lo dice a mí a la cara", pero podía decírselo porque era verdad. Hasta hace dos años, Vox llegaba con sus propuestas a muchos ámbitos que el PP cobardón, aunque con excepciones notables como Ayuso y Cayetana, no se atrevía a llegar. Por eso eran opciones complementarias, llamadas a coincidir en una alternativa al terrorífico proyecto dictatorial de Sánchez. Eso cambió hace dos años, cuando Vox, obsesionado por impedir que El Yunque creara un partido a su derecha a partir del canal televisivo 7nn –lo cuento en El retorno de la Derecha–, se echó en brazos de los antivacunas, la derecha antisistema, ora de la derecha opusina, ora de la pagana, ambas representadas por Julio Ariza en la quebrada Intereconomía y El Toro TV.

El destape contra la Corona de Pepita Millán

Ese partido que es una empresa de halago mediático, o viceversa, tenía y tiene como argamasa el culto a un líder único, mágico, Abascal, pero que, agotado de sus agotadores períodos de descanso, cuando aparece en el Congreso, no se queda siquiera a contestar las réplicas a su discurso. Lástima, porque, sin él, sin Iván Espinosa de los Monteros, sin Rubén Manso, sin Macarena Olona, sin Steegmann, sin un solo liberal de los que antaño abundaban y en manos de los jemeres azules de Abascal, dirigidos por Kiko Méndez Monasterio, el socio de Gabriel Ariza, a su vez hijo de Julio, el del Toro de Oro, y la portavoz Pepa Millán, de un nivel intelectual semejante al parlamentario, y que adorna los gestos de disgusto epigástrico con miradas de través como de suegra enfadada en un sainete de los Álvarez Quintero.

Pero como Abascal no está y detrás de él no hay nadie, es ella la que, tan torpe como Cuca en el PP, explica las posiciones oficiales del partido. Y a ella le ha tocado, tras las elecciones europeas, arremeter contra la Corona. La única ventaja de la torpeza es que es incompatible con cualquier sutileza y los discursos salen claros pero toscos como la quijada de Óscar Puente. La frase más llamativa de su discurso fue asegurar que el Gobierno había "obligado" al Rey a firmar la Ley de Amnistía, o sea, que podía haberse resistido y no lo hizo, y pedir en nombre de todos los españoles, que por lo visto le hemos dado, sin saberlo, una autorización para hablar en nuestro nombre, "una respuesta de las instituciones, de los jueces y de la Corona".

En una entrevista sedente, el de Amurrio dijo que él "no sabía si el rey estaba obligado a firmar la Ley". Pero esa ignorancia, producto de no acercarse a la Constitución para enterarse, no le impide pedirle cuentas, es decir, respaldar la campaña que desde hace meses lleva a cabo su televisión privada, El Toro TV, según la cual el Rey tiene capacidad de firmar o no las leyes, a voluntad, y, según aseguran sus tertulianos, de oponerse a ellas. El sector moderado, que, como el radical, hasta hace poco decía que los jueces y la Corona eran el último valladar contra la dictadura de Sánchez, sostiene ahora, con poca convicción, virtud reservada al plusmarca espiritual Julio Ariza, que "podía hacer algún gesto". ¿Qué gesto? ¿Peineta, escupitajo?

Vox deja de defender el Régimen del 78

Lo importante, sin embargo, es que, por primera vez, Vox culpa a la Corona y al PP de que la Ley de Amnistía votada en el Parlamento, se haya publicado en el BOE. Esto va más allá del grotesco argumento de que el PP podía parar la Ley en el Senado, algo sólo posible saltándose los trámites que marca la ley, y dibuja y denuncia una especie de conspiración contra España del partido más votado por los españoles y al Jefe del Estado según la Constitución que en 1978 votó la abrumadora mayoría de los españoles. Dicho de otro modo, Vox se une a la deslegitimación del "régimen del 78" que hasta ahora se limitaba a la izquierda socialista y comunista y a los separatistas, terroristas y golpistas que votaron la investidura de Sánchez.

Este ataque a la Corona, el mayor cambio de Vox desde su creación, está sostenido por la nube de youtubers y activistas en las redes sociales que siguen las consignas del sector antivacunas y falangista de Buxadé, que ha recuperado su papel de faro ideológico de Vox, a medias con Ariza. Y fruto de esa corriente, hasta ahora marginal, a la derecha del PP ha sido la asunción por parte de Alvise del discurso anticonstitucional, de Abascal. El Mocito Feliz de la Derecha, tras celebrar su éxito con el Pequeño Nicolás, dijo que él está dispuesto a ser "el primer antimonárquico", aunque, como a Abascal, cuesta encontrar una sola frase contra el Rey hasta hace tres días.

Estamos, pues ante un cambio radical, aunque no inesperado –yo lo anunciaba al final del prólogo a El camino hacia la dictadura de Sánchez– de una derecha, o dos, que abandonan el campo constitucional y respaldan, de hecho, el proyecto de una república plurinacional de tipo plebiscitario, que es justamente lo que quieren Sánchez y sus socios. No estamos ante una metedura de pata de Pepa Millán, ni a una salida de pata de banco de Alvise, sino a un movimiento muy de fondo por parte de una derecha que, sencillamente, ha abandonado el campo de la democracia cuando más falta hace defenderlo. Quizás porque nunca han creído en ella y se han amoldado a la opinión hondamente enraizada en la base social de la derecha, o tal vez porque la política de espasmos sentimentales propia de las redes sociales, cuna de Alvise, ha hecho que Abascal abandone el campo de la derecha constitucional para unir a Vox al aventurerismo de la derecha radical, sin programa y sin proyecto, que presume de española y traiciona a la nación. Y al fondo de esta ruptura con el régimen no está la oposición a la Agenda 2030 sino la quiebra de la UE y la OTAN, al servicio de Putin y Xi Jinping.

Putinejos de extrema izquierda y derecha extrema

El último argumento putinejo es denunciar un "partido de la guerra" que quiere llevar a morir a cientos de miles de jóvenes españoles, eso decía el coronel Baños, o Bañosevich, a Alvise, que juraba luchar hasta su último aliento para que ningún español muera en guerras que no son suyas. ¿Y quién denuncia también esa guerra? Irene Montero. Y Bildu. Y Sumar. O sea, los comunistas de todos los partidos y los filonazis de Alternativa por Alemania. Algunos elogian, nostálgicos, el neutralismo de Franco. ¿Cúal? ¿El de la División Azul o el de las bases americanas? ¿El de la autarquía o el del Plan de Estabilización? ¿Era Franco pro-soviético o pro-americano, socialista o capitalista? ¿Defendía la "redistribución equitativa de la propiedad", como ahora hace Vox?

Alguno nos dirá, con fundamento: ¿pero, hasta ahora, Vox no estaba con Ucrania? Sí: hasta ayer, también estaba con el Rey. Temo que Abascal se haya vuelto tan fiable como Alvise.

Este movimiento de ruptura con la monarquía constitucional va a producir forzosamente una crisis en Vox, que se anunció en la respuesta a Pepa Millán, es decir, a Abascal, por parte del general Fulgencio Coll, una de las figuras más importantes y respetadas en el partido, así como de Iván Espinosa de los Monteros y otros liberales expulsados de la dirección, pero que conservan una indudable autoridad moral en unas bases cada vez más reducidas y, tras las elecciones europeas, más aturdidas y despistadas. Pero, numéricamente, aún muy importantes.

Dios guarde al Rey y despierte al PP

Si Feijóo no se hubiera abandonado al maricomplejinismo de los chanquetes de Génova, en vez de fichar cadáveres de Ciudadanos llevaría meses tratando de incorporar a los liberales de Vox, un caladero de votos que, por sí mismo, y con la excepción de Ayuso, el PP no recuperará jamás. Pero un partido eunuco, el de González Pons y Úrsula von der Layen, que, para obtener el voto de Sánchez, no se opone a la Ley de Amnistía, es un seguro de vida para los abascales y alvises, las derechitas de Sánchez, que atacan a Felipe VI para conmemorar a puñaladas sus diez años de reinado.

Si hasta ahora Sánchez contaba para su proyecto dictatorial con el trabajo sucio contra el PP de Vox, ahora cuenta también con Alvise. La oposición al sanchismo se fragmenta a la venezolana, entre la demagogia desatada de los jóvenes y la vileza de los viejos. En fin, Dios guarde a nuestro buen rey Felipe VI al menos otros diez años, a ver si para entonces nos hemos librado de la cleptocracia de Sánchez y de estas dos derechitas sanchistas, que se han convertido en su verdadero y último seguro de vida. Con los alvises, se acabó la fiesta; empieza la juerga dictatorial de Sánchez.

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