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El Rey del 3 de Octubre

Lo que sí puede hacer el Rey es pronunciarse como Jefe del Estado ante un ataque contra las instituciones, la democracia y los españoles. Y es lo que hizo.

Lo que sí puede hacer el Rey es pronunciarse como Jefe del Estado ante un ataque contra las instituciones, la democracia y los españoles. Y es lo que hizo.
Felipe VI, en un discurso. | EFE

Se cumplen diez años del reinado de Felipe VI, ocasión propicia para recordar la intervención más difícil y crucial del Rey. El 3 de octubre de 2017, tres días después del referéndum ilegal en Cataluña y en pleno apogeo del golpe de Estado separatista, Felipe VI pronunció un discurso tan importante que es un pilar de su legitimidad institucional. Ese día, el Rey se dirigió a los españoles para afirmar con toda rotundidad que "ante esta situación de extrema gravedad, que requiere el firme compromiso de todos con los intereses generales, es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de derecho y el autogobierno de Cataluña, basado en la Constitución y en su Estatuto de Autonomía". La intervención tuvo un efecto fulminante. Resultó ser el catalizador de una vigorosa reacción ciudadana en contra del independentismo golpista. Pocos días después, el 8 de octubre, un millón de personas llenaba de banderas de España las calles de Barcelona en una manifestación que empequeñeció las exhibiciones de masas del separatismo. No fue la única respuesta en la calle del constitucionalismo. El 28 de octubre, con el gobierno catalán golpista en desbandada, otro millón de manifestantes puso de relieve la intrínseca españolidad de Cataluña.

Las palabras del Rey en aquella situación fueron claves para detener una asonada que estaba a un paso de provocar un estallido de violencia. Ese mismo 3 de octubre, una huelga general convocada por la Generalidad y secundada con inusitado ardor por las centrales sindicales UGT y Comisiones Obreras había impuesto en las calles el matonismo piquetero separatista. Los hijos de policías y guardias civiles eran señalados y humillados en las escuelas. La violencia ambiental era notoria, como la división y el enfrentamiento social. En ese contexto, el discurso del Rey causó una auténtica conmoción. Los golpistas perdieron toda esperanza. Desde ese instante giraron todas sus baterías mediáticas en contra del monarca, a quien identificaron como su principal problema. Aún hoy hay columnistas de La Vanguardia que critican el discurso del Rey porque "no tendió la mano a los catalanes". Por catalanes se refieren a ellos y a los golpistas, claro. Dicen que le faltó empatía. Sí, esa es la tesis generalizada en la región.

La cuestión es que el Rey no es una figura decorativa. Hay cosas que puede hacer y otras que no. O que debe y no debe hacer. Por ejemplo, no puede negarse a firmar una ley aprobada en las Cortes por muy injusta que le parezca a él o a la mayoría de los españoles. El problema ahí no es Felipe VI sino la mayoría sanchista. Lo que sí puede hacer el Rey es pronunciarse como Jefe del Estado ante un ataque contra el Estado, sus instituciones, la democracia y los españoles. Y es lo que hizo ese 3 de octubre y lo que seguramente tendrá que volver a hacer más pronto que tarde.

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