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Un bolero para tanto bulo, please

El objetivo es claro, si todo es bulo e intoxicación, no hay mentira ni verdad.

El objetivo es claro, si todo es bulo e intoxicación, no hay mentira ni verdad.
Pedro Sánchez. | Europa Press

Ya estamos tardando en poner música de bolero a tanto bulo; de la letra ya se ocupa Pedro Sánchez, el bulero mayor del reino:

Estamos demostrando con hechos que todo lo que ellos defienden no son sino bulos, desinformación, y en definitiva una clara intencionalidad de confundir a la gente. Por eso nos atacan con todas sus armas, con la intoxicación, con la mentira, con los insultos, con los ataques personales, sin ningún argumento.

(Pedro Sánchez, Fundación Avanza, 3/7/2024).

Es un martillo pilón, repite, insiste, remacha, una y otra vez como si no hubiera un mañana. Convierte cualquier denuncia en bulo, cualquier argumento del adversario en intoxicación, cualquier evidencia judicial en ataques, sus contradicciones y mentiras, en insultos personales. Hace picadillo la relación entre la verdad y el lenguaje. El objetivo es claro, si todo es bulo e intoxicación, no hay mentira ni verdad. Es ahí, en ese pozo séptico donde todos somos iguales; los limpios y los sucios. No hay manera de distinguirnos porque todos nos confundimos con el barro.

No insistiremos bastante sobre esta perversión de la política. Nada es más venenoso para la democracia que su descrédito. Si todos somos iguales y no hay manera de distinguir la verdad de la mentira, ¿por qué respetar reglas? Si todos son bulos ¿cómo distinguir al político sincero del que engaña, miente, cambia de opinión, o como diablos se defina ahora a la mentira? Si ese hombre líquido, casi gaseoso está por encima de la ley, ¿para qué la ley?

"Un gobierno de Leyes y no de hombres". ¿Hemos de explicar por qué la ley nos hace iguales en derechos y deberes, y el carácter ingobernable de los hombres, en criaturas vulnerables?

Sospechamos, cada día con mayor inquietud, que Occidente se disuelve, se deshilacha, se nos escurre como la arena entre los dedos. No es la ultraderecha ni la ultraizquierda, no es la islamización de Europa, es el olvido de lo que nos ha traído hasta aquí. No ha sido precisamente una fiesta, sino siglos de escarmientos, esfuerzos, cultura y valores. Es paradójico que cuando en Occidente se alcanzó la educación pública universal generalizada, o casi, y la sociedad del bienestar nos garantizó salud y recreo, la pereza y el olvido de lo que lo permitió nos haya arrojado a La tentación de la inocencia (1995, Pascal Bruckner) .

La historia de la humanidad no es la historia de la paz, sino de la guerra. Somos la primera generación de españoles que nunca vivimos una guerra. Ni siquiera lo valoramos. Cuando no hay escasez, no se valora la abundancia. Así nos va.

Hoy Occidente es un gigante con pies de barro. Cuando nos alarmamos porque de pronto vuelven los viejos demonios, nos angustiamos. Sin percatarnos de que esos demonios (la ultraderecha, el populismo, la ultraizquierda, el nacionalismo, la invasión islámica…) sólo son sus evidencias, no su causa. La causa ya estaba en El Conocimiento Inútil (1988), de Jean François Revel, en La derrota del Pensamiento (1987), de Alain Finkielkraut…; está en La masa enfurecida (2020) de Douglas Murray, en el Conocimiento en crisis (2022), de Inger Enkvist, en La crisis de la Autoridad (2023), de Natalia Velilla; en la Inmadurez colectiva (2024), de Javier Hurra; en el Matadero de reputaciones (2024) de Julio Valdeón…

Siempre me pareció que el mayor problema cognitivo, moral y político del ser humano es la experiencia vital quebrada por morir prematuramente. Si en lugar de vivir 80 años, alcanzáramos los 300 con plenas facultades seríamos seres escarmentados, pero experimentados. Hubiésemos vivido tantas experiencias políticas y desastres naturales y humanos, que estaríamos inmunizados contra los charlatanes de feria, los mangantes y los mesías de todas las utopías divinas y laicas. Porque a pesar de las bibliotecas y las universidades, no escarmentamos en cabeza ajena.

Si nuestras generaciones hubieran vivido El Antiguo Régimen, la Revolución Francesa, el Siglo de las Luces, las utopías marxistas y fascistas, la conquista de la democracia, la desvergonzada esclavitud, o la obtusa discriminación de la mujer por el mero hecho de serlo, los errores del conocimiento humano y sus consecuencias en la naturaleza que compartimos con millones de seres, seguramente seríamos menos dogmáticos y más precavidos y sabios. Pero sobre todo, menos ilusos. Vamos, no nos dejaríamos embaucar por cualquier galán de tranvía necesitado de embarrar el terreno para que sus abusos pasen desapercibidos. Y aumente su autoestima. ¡Cuánto daño hacen los acomplejados con ínfulas!

RETRANCA:

El bosque seguía muriendo

y los árboles seguían votando al hacha.

Ella era astuta,

los había convencido,

que por tener el mango de madera,

era una de los suyos.

(Fábula de autor desconocido)

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