
El candidato socialista a presidir la Generalidad catalana, Salvador Illa, no ha podido evitar la tentación de mezclar fútbol y política a cuenta de la actuación del adolescente Lamine Yamal en la selección española. "Cada gol de Lamine Yamal es un gol a la extrema derecha, cada gol de Lamine Yamal es un gol al racismo, es un gol contra quienes quieren una Europa, una España y una Cataluña cerradas, recelosas. Necesitamos más Lamine Yamal en fútbol, en medicina, en educación y en ciencia. Esta es la Cataluña que los socialistas haremos, una Cataluña de justicia social y una Cataluña de oportunidades para todos", manifestó Illa en una reunión de partido.
Cada gol de Lamine Yamal és un gol a l'extrema dreta.
Cada gol de Lamine Yamal és un gol al racisme.Necessitem més Lamine Yamal en futbol, medicina, educació i ciència. Aquesta és la Catalunya que volem: una Catalunya de justícia social i oportunitats per a tothom. pic.twitter.com/U8Xus33lMN
— Salvador Illa Roca/❤️ (@salvadorilla) July 14, 2024
Al más puro estilo socialista, oportunismo a chorros, demagogia a granel, palabrería hueca y utilización partidista de un chaval de 17 años recién cumplidos que según la verborrea de Illa estaría acabando con la extrema derecha y el racismo a base de fintas, regates y goles. Curioso, muy curioso. Antaño se creía que a los totalitarismos se les combatía y vencía con democracia, transparencia, formación y mantequilla, pero hete aquí que ahora la clave está en el fútbol, en que un chiquillo de la periferia barcelonesa escape de la precariedad y las pandillas pegando balonazos.
Ahora ya saben lo que tienen que hacer los Lamine de España. Jugar al fútbol o dedicarse al boxeo, como otro joven de éxito, Ilia Topuria, que se ha labrado un futuro a golpes y volteretas. El mensaje no puede ser más desalentador para quienes pretenden conseguir algo parecido estudiando y trabajando. Claro que a la mayoría de los políticos esos críos que fían su futuro a los estudios les importan un comino. Se nota en lo poco o nada que invierten en educación, en cómo les dejan tirados y en la falta de oportunidades que les conceden. Quienes les interesan son los que triunfan precozmente, esos que creen que pueden exhibir como un éxito de sus políticas migratorias. De ahí que se pongan una medalla con cada gol de Lamine Yamal o de Nico Williams, a los que tachan de "racializados" en el colmo de sus delirios "woke".
Ahí está Irene Montero, presumiendo de esos goles y glosando las peripecias vitales de los Yamal o los Williams, que atravesaron desiertos y saltaron vallas para llegar a España. ¿Y qué hicieron los políticos por ellos? Nada, absolutamente nada. El triunfo de esos jóvenes es personal e intransferible, fruto de sus talentos físicos. Decir que si no hubiera inmigración no tendríamos Nicos y Lamines es ocultar que son dos entre millones y que el único ascensor social que funciona ahora mismo en España es el deporte. No hay más. Se sabe porque ellos vienen de barrios en los que por desgracia no se educan en masa futuros médicos o maestros sino mano de obra generalmente maltratada. Para que luego salgan Illa o Irene inflando el pecho. Qué caras más duras.