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Gestos y dimisiones

Hagamos, pues, de la ingenuidad nuestra bandera, y exijamos todos los días la dimisión de quien no cumpla con su función.

Hagamos, pues, de la ingenuidad nuestra bandera, y exijamos todos los días la dimisión de quien no cumpla con su función.
Pedro Sánchez. | EFE

El Rey miró de cara a la selección española de fútbol. Habló sin micrófonos de cara a los jugadores. Los protagonistas eran los futbolistas. Sánchez no los miró, los puso a sus espaldas y habló con micrófonos. Él era el primer actor. He ahí la diferencia entre un demócrata y un aspirante a dictador. Claro que un gesto vale más que mil monsergas ideológicas. Claro que la reacción sincera de un joven futbolista vale más que los mil rollos ideológicos, falsos, y ridículos farfullados por un fulano sin legitimidad alguna para estar en el Gobierno de España. Claro que la nueva España, esa que acoge a millones de españoles sin complejos de inferioridad, se llevará por delante más pronto que tarde a la casta política sanchista.

La cosa empieza a ser visible por todas partes. No es un conflicto entre lo viejo y lo nuevo. Eso es una abstracción. Se impone lo inmediato: la nueva España está enfrentada al viejo y ajado sistema político que mantiene en el poder a Sánchez, a los comunistas y a los separatistas. La nueva España no se anda con chirigotas y sabe de las limitaciones de la Oposición, especialmente de su cobardía y falta de talento. La nueva España no se dejará fácilmente amilanar por la clase dirigente. Cansada de todo el rollo antiespañol, hay nuevas generaciones de españoles que arrollarán, más pronto que tarde, a todo este personal que no le da importancia a la desaparición de instituciones del 78.

Vi por TVE la celebración de la Eurocopa. Sentí vergüenza ajena de quienes comentaban las imágenes. Daba miedo el contraste entre las imágenes de quienes participaban y los comentaristas del acontecimiento. Los periodistas encargados de prestarle voz a las imágenes fueron superados por la celebración. Sus intervenciones eran penosas y fuera de cacho. El escenario de Cibeles reflejaba alegría e inteligencia, pero quienes lo retransmitían, cuando no decían barbaridades, callaban. No sabían qué decir o guardaban silencio por miedo al jefe. Su objetivo era negar el acontecimiento. No entendían nada de la lección que dieron los jugadores y la ciudadanía. Negaban con su estulticia la grandeza del acto. Su obtusa voluntad de servicio a la causa del socialismo, el comunismo y el separatismo les impedía decir que allí estaba España, el alma nacional, como estuvo unas horas antes en la sede de la Jefatura del Estado. Negaban lo evidente. Los periodistas de TVE son muros de contención para ocultar lo real: España está viva, mientras sus dirigentes son escoria. Porque no había correspondencia entre la celebración y quienes la comentaban, debemos exigir que expulsen a esos malos profesionales y peores ciudadanos de la Televisión pública. Ya sé que mi petición es ingenua, pero el aprendizaje, o mejor, vivir en la ingenuidad es lo que mantiene vivo a los ciudadanos libres. Ingenuidad, sí, para exigir a los fulanos del PP y VOX, o a la madre que parió a toda la casta política, que monten una moción de censura contra Sánchez que está acabando con las pocas libertades que nos quedan. Y, además, sigue indultando a terroristas y ladrones utilizando a su antojo la "ley" y el Tribunal Constitucional. Hagamos, pues, de la ingenuidad nuestra bandera, y exijamos todos los días la dimisión de quien no cumpla con su función. Exijamos ya la desaparición del Constitucional, porque sólo vale para ejecutar las órdenes que le impone Sánchez. Exijamos la dimisión del Fiscal General del Estado, porque es un nefasto funcionario al servicio de Sánchez. Exijamos dimisiones con toda la ingenuidad del mundo, entre otras razones, porque nos harán libre. Y, además, es el único mecanismo que nos queda para defender el sistema político de sus propias miserias.

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