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El ministro tuitero y el sanchismo ferroviario

El servicio ferroviario adquiere tintes tercermundistas, en la línea de otras entidades e instituciones del Estado

El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, ha dado en el Senado su exacto nivel de competencia en la materia, que es nula. El caos ferroviario es una de las señas del verano en el que el ministro ha sido retratado exhibiendo su "swing" en el golf. Retrasos, incidencias de todo tipo, cancelaciones, trenes varados bajo la solanera sin refrigeración, atrapados durante horas en túneles, aglomeraciones, y tumultos en las estaciones, inseguridad, incumplimientos, desorden, descontrol, fatiga y hastío. Renfe y Adif, Adif y Renfe se están cubriendo de gloria gracias a la nefasta gestión del ministro tuitero, un as en X y una nulidad en la vida real.

Al ministro más prepotente, vanidoso, fanfarrón y perdonavidas del gabinete de Pedro Sánchez el cargo le viene grande, largo de mangas y corto de espalda. "Estamos prestando el mejor servicio posible en las peores circunstancias", ha asegurado en la comparecencia en el Senado. Seguramente en su cabeza sonaba genial, pero para el resto del mundo esas palabras remiten a la última frase del capitán del Titanic. Los trenes con Puente son como una maqueta ferroviaria en manos de un adolescente manazas. No hay gestión, no hay planificación, no hay capacidad. Sólo política. En ese marco, la incapacidad de los cargos políticos se impone a la competencia de los cargos técnicos y el resultado es el caos.

Puede que España nunca haya sido una gran potencia ferroviaria. Sin embargo, nunca como ahora habían fallado tanto los trenes. No es una opinión, son datos. Una prueba de ello es que el ministro renuncia al compromiso de puntualidad a partir de los quince minutos y lo amplía hasta los noventa. "Era un suicidio económico para la compañía", admite. Otra prueba de su pavorosa incompetencia.

El servicio ferroviario adquiere tintes tercermundistas, en la línea de otras entidades e instituciones del Estado. Y el ministro se escuda en las obras de un vestíbulo de la Estación de Chamartín y dice que es un problema "coyuntural". ¿Cómo? ¿Una coyuntura? Pues precisamente lo coyuntural es lo que depende de la gestión. Pero desde la perspectiva socialista, Renfe y Adif no son más que un lastre, una distracción frente a lo verdaderamente importante. El cese del subsecretario de Puente y el de un alto cargo de Adif por su implicación en el llamado caso Koldo de estafa a gran escala durante la pandemia muestra el grado de implicación y dedicación del socialismo en el normal desarrollo y funcionamiento del tráfico ferroviario. Cero.

El ministerio de Puente debería estar compuesto por personas de sobrada y reconocida experiencia en todas las áreas técnicas de los transportes. Pero ese no es precisamente el caso. De modo que como dice Puente, "paciencia" y "comprensión". Es el precio a pagar por tener un ministro que ignora sus limitaciones y ha depositado toda su confianza en individuos tan o más osados que él. Sanchismo ferroviario. Y la constatación de que no hay nada que no pueda ir a peor con este Gobierno.

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