
No se suele difundir la evidencia empírica fuera del ámbito de los especialistas, pero el 99% de las regiones de Europa que ya eran pobres a mediados del siglo XIX, allá por los estertores del Antiguo Régimen, siguen siendo pobres en el siglo XXI, cerca de doscientos años después. De modo análogo, el 99% de las regiones que se hicieron ricas cuando la Revolución Industrial, en el mismo XIX, continúan figurando como ricas hoy, en el primer tercio del XXI. La riqueza y la pobreza cambian de nombre de pila y de apellidos con alguna frecuencia, pero casi nunca modifican su residencia: permanecen prácticamente siempre donde ya estaban.
Por eso, resulta conveniente saber algo de historia económica antes de hacerse demasiadas ilusiones con los tránsitos de mayorías políticas en territorios históricamente postergados. En 2025, Andalucía continuará siendo la segunda región más pobre de España, sólo por detrás de Canarias, con un PIB per cápita inferior en un 30% a la media nacional. Andalucía necesita y seguirá necesitando al Estado. Cataluña, a su vez, seguirá ocupando el cuarto puesto por arriba en esa clasificación. Por lo demás, ambas demarcaciones poseerán casi el mismo peso político dentro del país, toda vez que una y otra aportan hoy un volumen similar de población con derecho al voto.
Así las cosas, Andalucía fue un coto privado del PSOE durante cuatro décadas. Igual que Cataluña. La historia de España desde 1982 hasta hoy no se entiende sin reparar en ese dato concreto. Pero la marcha de Cataluña para separarse del régimen fiscal común está llamada a modificar, y de modo crónico, ese paisaje político. Porque la derecha española seguirá perdiendo, como toda la vida, en Cataluña; por ahí no habrá novedad significativa. Pero Andalucía, la joya de la corona que el PSOE sueña recuperar más pronto que tarde, va a convertirse, y gracias a la fuga catalana, en la nueva Galicia del sur: una circunscripción en la que, pase lo que pase, llueva, nieve o hiele, el Partido Popular se impone, siempre. Y por goleada. El PSOE va a hacer el negocio de las cabras.
