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Israel prevalecerá

Ese milagro que el pueblo judío se ha concedido a sí mismo va seguir siendo lo que ha sido en sus 80 años de historia reciente: un lugar de libertad y tolerancia.

Se cumple un año de la matanza de Hamás en el sur de Israel, es decir, del más terrible atentado terrorista de la historia, tanto por el número de víctimas –para que se hagan ustedes una idea de la magnitud de la tragedia: si tenemos en cuenta las poblaciones de uno y otro país estaríamos hablando de un 11-M que hubiese costado la vida a unos 6.000 españoles–, como y sobre todo por la crueldad salvaje que exhibieron los perpetradores.

Torturas, violaciones, cuerpos vivos y muertos arrasados por las llamas, niños, mujeres y ancianos asesinados con una brutalidad extrema… El 7 de octubre fue algo que no esperábamos vivir en el siglo XXI y que no podemos tolerar bajo ningún pretexto. No hay nada, repetimos, absolutamente nada que pueda justificar esa violencia ya no propia de terroristas, sino de psicópatas asesinos en serie.

Sin embargo, durante este año, en lugar de una corriente abrumadora de solidaridad con un pueblo que sufre algo así, el mundo ha visto cómo se ha intentado olvidar, minimizar e incluso justificar el 7-O. Es más: este pasado fin de semana se celebraba la masacre y no en una mezquita olvidada de un rincón perdido de Pakistán, sino en el propio Madrid y sin que el Gobierno hiciese nada para impedirlo.

El mundo, una vez más, se ha negado a solidarizarse con el pueblo judío. Al contrario, las caretas de la corrección política han caído y el antisemitismo se ha presentado en toda su crudeza como una fuerza muy importante en muchas sociedades occidentales, especialmente en el ámbito de la izquierda y en las instituciones que domina, desde las académicas hasta no pocos gobiernos, y, muy singularmente, el de nuestro país, que ha aprovechado la oportunidad para alinearse con lo peor de la política internacional: el islamismo radical antisemita y su amigo íntimo el narcobolivarianismo.

Sin embargo, un año después de aquel golpe atroz y pese a que buena parte del mundo le ha dado la espalda, Israel no sólo lucha por su supervivencia, sino que está logrando dar de nuevo a sus ciudadanos una seguridad que parecía perdida quizá para siempre.

El coste está siendo terrible, pero Hamás ya es una amenaza mucho menor de lo que era y no podría llevar a cabo un nuevo 7-O ni siquiera aunque Irán multiplicase su apoyo. Lo mismo se puede decir o se podrá decir en unos meses de Hezbolá y, desarbolados sus proxys, el siguiente de la lista es el régimen criminal de los ayatolas, verdadero culpable de toda la destrucción y el dolor que está arrasando Oriente Medio pero al que sin duda le va a llegar su hora.

Israel prevalecerá, pese al antisemitismo de medio mundo, pese al odio salvaje de sus fanáticos enemigos, pese a la falta de solidaridad de tantos, pese al inmenso sacrificio que será necesario para ello, ese milagro que el pueblo judío se ha concedido a sí mismo va seguir siendo lo que ha sido en sus 80 años de historia reciente: un lugar de libertad y tolerancia, un refugio para los perseguidos y un oasis de democracia, razón y verdad en mitad de un terrible desierto de intolerancia, oscuridad y dictaduras.

¡Am Israel jai!

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