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Israel tiene razón

¿Qué es equilibrado cuando te bombardean desde un hospital, una escuela, una mezquita o la sede ONU de UNRWA?

¿Qué es equilibrado cuando te bombardean desde un hospital, una escuela, una mezquita o la sede ONU de UNRWA?
Manifestación de apoyo a Israel en Madrid. | Europa Press

Un año ya del 7-O, el sangriento ataque genocida de Hamás a Israel. Desde entonces he podido ver —sin filtros— bastantes vídeos, filmados por los terroristas. Aquel horror, sádicamente exhibido, no tiene parangón en la historia criminal de la humanidad.

Y lo políticamente paradójico, éticamente repugnante y hasta jurídicamente delictivo es que, precisamente después de aquella agresión genocida del fanatismo islamista iraní (vía Hamás y Hizbullah), haya crecido de forma exponencial el antisemitismo en Occidente (Europa y los EEUU).

En España tenemos a algunos despreciables antisemitas en el despreciable desgobierno Sanchista y en Europa, desde hace años, el antisemitismo lleva la bandera de la extrema izquierda (y no sólo la izquierda: Macron ayer pedía embargar armas a Israel, esto es, propugnaba dejarles inmunes antes las continuas agresiones iraníes). ¿Y por qué la extrema izquierda es antisemita? ¿No era esto cosa de los nazis? Si, efectivamente, esto fue así hasta los años 70 del pasado siglo; luego los neonazis pasaron el testigo a la extrema izquierda, siempre tan comprensiva con el terrorismo, guerrillas y muyahidines antioccidentales.

La razón de este relevo en el antisemitismo puede encontrarse en el odio compartido a Occidente y sus valores (democracia liberal, capitalismo, derechos humanos que Marx equiparaba a mera teología, etc). Este viraje ya lo anunciaba Glucksmann en su ensayo Occidente contra Occidente y explica por qué se convierten en aliados coyunturales los clérigos fundamentalistas islámicos y la izquierda más reaccionaria, hiperventilada y chillona, como Belarra, Montero o Díaz. Es su modo de "cabalgar contradicciones", como reconocía Pablo Iglesias y hacen Irán, Putin, China y el grupo de Puebla, con Zapatero como embajador.

Vista desde la confortable Europa o la distante EEUU podría parecer que a Israel "se le va la mano" en su defensa. Todo sería mucho más reconfortante para nuestra idílica concepción de la guerra, si no hubiera víctimas civiles, pero por desgracia en las guerras modernas (después de 1945) el porcentaje de víctimas civiles es del 90% frente a un 10% de víctimas militares (datos del Comité Internacional de la Cruz Roja). Y muchas veces este terrible porcentaje, se debe a las tácticas terroristas de una de las partes en conflicto, en este caso, Hamás y Hezbollah, quienes sistemáticamente usan a su población civil como escudo humano (crimen de guerra tipificado).

Israel es el único ejercicio en la historia universal de las guerras que advierte con mucha antelación al enemigo dónde y cuándo va a atacar sus cuarteles y puestos de mando, y lo hace precisamente para reducir la mortalidad de los civiles no combatientes (algo nada fácil de dilucidar en combate cuando el enemigo no lleva uniforme y se camufla entre la población, como hace Hamás). Merece la pena recordar que desde el Derecho Internacional Humanitario (DIH) —tantas veces aludido por quienes lo violan constantemente— se considera que "un objetivo civil se convierte en objetivo militar legítimo si es utilizado por el enemigo como cuartel general, arsenal o cualquier otro uso hostil". Y eso es exactamente lo que hace Hamás en Gaza, por eso las víctimas civiles palestinas tras los ataques de Israel deben ser computadas al balance criminal de Hamás, no a Israel.

Puede parecer paradójico, pero así son las convenciones del ius in bellum (las normas de la guerra). Con ello no quiero decir que Israel esté exenta de responsabilidades por crímenes de guerra y que todo lo que realice sea impecable. La justicia internacional tendrá que dilucidar aquellos casos que se acrediten fehacientemente (y una declaración de Hamás tiene poca consistencia legal).

Creo que Israel y sus mandos militares intentan respetar el DIH, pero no siempre consiguen esa preceptiva respuesta equilibrada. ¿Qué es equilibrado cuando asesinan a 1.200 israelíes y secuestran a 300? ¿Qué es equilibrado cuando te bombardean desde un hospital, una escuela, una mezquita o la sede ONU de UNRWA? ¿Es equilibrado dejarse asesinar? Ningún ejército, por democrático que sea su Estado (como lo es Israel), está libre de excesos, errores o crímenes de guerra. Ha sucedido en todos los bandos buenos desde siempre: los bombardeos de Dresde o Hamburgo en la IIGM, por poner un ejemplo. Pero la existencia de tales errores o crímenes no resta justicia a su causa. Y en esta nueva guerra iniciada por Irán a través de sus peones, Israel tiene razón.

Cosa distinta es que Hamás decida no evacuar a la población civil de sus cuarteles y arsenales (desde los que agrede a Israel), precisamente porque lo que pretende es un buen plano televisivo con varios bebés muertos tras el ataque israelí. Nos tienen bien tomada la medida y saben que tales imágenes son fácilmente instrumentalizadas por sus aliados políticos y mediáticos en Occidente, que no son pocos, ni irrelevantes.

Pude observar esta inhumana estratagema publicitaria los años que trabajé como cooperante en África. En la obra fundamental "Geopolítica del Hambre" se dedica un capítulo entero a las "hambrunas exhibidas", esto es, aquellas hambrunas que eran motivadas por los gobernantes de un país para masacrar de hambre a su propia población y, de ese modo, recabar ayuda humanitaria internacional que, por supuesto, iba directamente a sus bolsillos o estómagos. Desde que existe la televisión y las redes sociales, las guerras pueden ganarse con ciertas exhibiciones impúdicas que el homo videns consumirá acríticamente.

Y el antisemita "New Age" aprovecha cualquier ocasión que se le presente —o que presente Hamás, al que nunca cuestiona— para equiparar a Israel con la esvástica y su derecho a defenderse como un nuevo genocidio, el último gran vómito de esta gentuza sobre lo que nos queda de inteligencia.

No hay palabras que puedan describir tanto dolor, especialmente si lo analizas como padre. Quienes me conocéis, o leéis algunas cosas mías, sabéis que desde que tengo hijos suelo interpretar el mundo con la mirada de padre.

Creo que todos los padres internamente sabemos que daríamos la vida por nuestra prole. No es algo que nos planteemos seriamente, porque es una idea borrosa, abstracta e imprecisa en la que, en realidad, no queremos profundizar porque evitamos imaginar cualquier daño para los nuestros y el mero hecho de especular sobre tal sacrificio ya implica una posibilidad inquietante.

Pero sabemos que es lo que haríamos, no por obligación, sino por instinto. Por eso escribí este artículo, a las pocas semanas de aquella sangrienta jornada. Por eso Israel tiene razón.

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