
El albañal de corrupción y nepotismo al que conocemos como PSOE nos ha entregado esta semana uno de sus capítulos más chanantes. Un socialista metiéndole mano a la caja es tan novedoso como un cromo de N’kono en la portería del Español de La Liga 1983/84, pero el nivel de mamoneo y desvergüenza en la España de Pedro y Begoña ha alcanzado unas cotas tan elevadas que es posible que su trayectoria interfiera con la órbita de la Estación Espacial Internacional.
Pablo Neruda podía escribir los versos más tristes aquella noche, y yo puedo escribir esta columna únicamente entrecomillando titulares de esta misma semana: "Sánchez autorizó a Ábalos la visita ilegal de Delcy Rodríguez a España en enero de 2020"; "Ábalos negoció el rescate de Air Europa con Sánchez y Calviño a petición de Aldama"; "El socio de Aldama y el hermano de Koldo pagaban el alquiler de Jesica, la novia de Ábalos", "Un socio de Aldama confiesa: «Llevamos 90.000 euros en bolsas a la sede del PSOE»"; "Ábalos recibió pagos por sus gestiones con las mascarillas"; "Koldo contactó con Armengol para recomendarle empresas de PCR"; "El comisionista Aldama oculta más de 70 millones en el extranjero"; "Aldama y Delcy Rodríguez pactaron la compra de 104 barras de oro venezolano"; "Guardias civiles blindaron a la trama de Koldo con móviles encriptados y barridos de seguridad para sus negocios corruptos en el Gobierno"; "Koldo reveló que el anterior director de la Guardia Civil fue el que le informó de que le estaban investigando". Ad infinitum.
Este Niágara de aguas fecales que brota del alcantarillado de la calle Ferraz habría hecho caer instantáneamente al Gobierno en cualquier país occidental, pero España ya no es un país occidental, es una autocracia bananera cada vez más cercana a Venezuela y Turquía que a Dinamarca o Alemania. A Españita la están salvando por ahora algunos jueces que se empeñan contra viento y marea en hacer lo que creen correcto, pese a la descomunal potencia de fuego que el Gobierno y toda la prensa genuflexa despliegan contra ellos. Algunos jueces y algunos periodistas que han perseguido durante años este caso, en un ejemplo inédito en el gremio de gente tomándose en serio su trabajo. Con razón el marido de la Elena Ceaucescu de Hacendado quiere cargarse a unos y otros a base de leyes dignas de Azerbaiyán.
Algunos tienen la esperanza de que el escándalo número 7.453.859 del gobierno de Sánchez haga por fin caer al Gobierno más corrupto de occidente, pero tengo malas noticias: tenemos Perro para rato. Es una cuestión de incentivos: nadie de los que tiene el poder de echarle tiene el menor interés en que Su Egregia Persona abandone la Moncloa. El propio egomaníaco necesita aferrarse desesperadamente al timón de cola del Falcon; en el momento en el que abandone el salario público se acabó tener a su entera disposición y capricho todos los inmensos recursos del Estado para defenderse y para proteger a la primera y única primera dama de Europa imputada por corrupción.
Los socios de Sánchez tampoco le dejarán caer. ¿Por qué iba el etarra Otegi a dejar de apoyar al PSOE? Mientras Narciso Bocachancla siga en el poder los asesinos múltiples seguirán saliendo a la calle, obteniendo alcaldías y disfrutando de las prebendas de ser un partido arrimado al poder. Todos los socios del PSOE obtienen lo que quieren, y generalmente mucho más de lo que podrían soñar, a cambio simplemente de aprobar de vez en cuando alguna ley especialmente destructiva. La debilidad del Gobierno es tan extrema que cuánto más dure Sánchez haciéndose fotos kennedianas a bordo del avión oficial, más barata saldrá cada nueva concesión.
Únicamente Carles Puigdemont puede dejar sin presupuestos a Su Sanchísima Pedridad. Humillado tras quedarse sin amnistía, y ofendido porque alguien que no sea él ocupe el sillón de mando en la Generalidad, no tiene demasiado que ganar del amorramiento de Pedro a las fuentes del poder. Pero su partido quizá no sea de la misma opinión: ni siquiera un cenagal parafascista de latrocinio como Junts Pel Mocho, o como se llame Convergencia este mes, es tan personalista como el PSOE de Sánchez.
En el PSOE y en los boletines parroquiales que conocemos como prensa de izquierdas sólo quedan cortesanos, lamesables, felpudos y succionadores profesionales, gente cuya fortuna laboral y económica depende casi en exclusiva de prolongar indefinidamente la presidencia egolátrica. ¿Alguien se imagina a Silvia Intxaurrondo cobrando veinte mil euros al mes en algún otro sitio que no sea la tele pública del PSOE? ¿A Patxi López fuera del PSOE haciendo algo que no sea vender clínex en un semáforo?
Por si todo esto fuera poco, gracias a las espectaculares dotes de negociación del Partido Popular, Sánchez controla el Tribunal Constitucional con la misma correa con la que sujeta otros organismos gubernamentales como el CIS, el INE o la Cadena Ser. Todo lo que haga el PSOE será aprobado por los siete jueces de estricta obediencia pedrista. Da igual si es una ley para azotar disidentes, un referéndum de independencia en Torroella de Montgrí o el derecho de pernada de los vascos sobre el resto de los españoles. Si Sánchez dice sit, se sentarán, y si dice plas, se harán los muertos. En la España soviética, el Perro te da órdenes a ti.