El Gobierno apesta, el PSOE hiede, la Moncloa emite efluvios tóxicos y el presidente y su familia aparecen señalados y referenciados en todas las investigaciones judiciales sobre la corrupción socialista. En el vertedero socialista se acumulan montañas y montañas de basura y todas apuntan en dirección a Pedro Sánchez. El conseguidor Víctor de Aldama, el exportero de un prostíbulo y asesor de un ministro Koldo García, el patrocinador de este en el partido, Santos Cerdán, el exnúmero dos del PSOE y exministro José Luis Ábalos, su novia, la exvicepresidenta Nadia Calviño y un exdirector de la Guardia Civil son algunos de los nombres destacados del reparto que arropa al hermano de Sánchez, a la esposa de Sánchez y en el centro de la turbia e inquietante escena, al propio Sánchez.
El presidente que pretende acallar a los medios críticos y dar lecciones de ética y moral está contra las cuerdas, acorralado por las evidencias, indicios e inferencias del último informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil en relación al rescate de Air Europa, al aterrizaje en Barajas de la siniestra vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez, a las maniobras de Aldama, a las gestiones de Koldo, a las peticiones de Ábalos, a los movimientos de Begoña Gómez, al papel la expresidenta balear y ahora presidenta del Congreso, Francina ('cariño' para Koldo) Armengol, etcétera, etcétera. Y todo ello con el conocimiento, participación y visto bueno del presidente del Gobierno.
En la trama se mezclan el tráfico de influencias, de material sanitario, de lingotes de oro, de fondos públicos, de hidrocarburos. También la compra de un chalet para Ábalos o el pago durante años del apartamento de lujo de la pareja del exministro, sus viajes por todo el mundo y sus enchufes como administrativa en empresas públicas. Todo tan chusco, obsceno e impresentable como la cátedra de Begoña Gómez, sus reuniones con Aldama e Hidalgo en Rusia y sus intervenciones públicas.
El descrédito de este Gobierno y de su presidente es absoluto, total, sin paliativo alguno. Los ministros se ven obligados a mentir en defensa de lo indefendible y en medio de un fangal que se extiende como la gangrena conforme avanzan las investigaciones judiciales. Si Sánchez no dimite y convoca elecciones es porque ha hecho de resistir en el búnker de la Moncloa su principal herramienta de defensa ante un horizonte judicial terrorífico y porque está sustentado por unos partidos proetarras y separatistas que son los que gobiernan en España, contra España y los españoles. Esa es una de las consecuencias de la corrupción sanchista, el desguace de la Nación.
Dice ahora Sánchez que no habrá impunidad. ¿Qué va a hacer? ¿Cortar por lo sano? Eso afectaría a sus propios órganos vitales. Ábalos ya no es cortafuegos de nada. Las llamas rodean las estancias públicas y los aposentos privados de la Moncloa.

