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¿Quiere Sánchez que muera un soldado español en Líbano?

Negarse a admitir que tenemos a más de 600 soldados en una zona de conflicto arriesgando sus vidas para nada es propio de un necio. O de algo peor.

Negarse a admitir que tenemos a más de 600 soldados en una zona de conflicto arriesgando sus vidas para nada es propio de un necio. O de algo peor.
Militares de la Brigada Guzman el Bueno X del Ejército de Tierra con visores nocturnos en el casco. | Flickr Ejército de Tierra

Con todo lo que está cayendo en España, con las cloacas de Moncloa rezumando porquería a un ritmo de varios metros cúbicos por segundo y las portadas que cada día parecen un especial distinto sobre la trama criminal en la que, presuntamente, andaba el Gobierno, ha pasado un tanto desapercibido el abracadabrante discurso de Pedro Sánchez sobre la guerra en el Líbano y las tropas de la ONU allí estacionadas, entre las que hay más de 600 soldado españoles.

El marido de Begoña se despachó a gusto con esa mezcla de mentiras, pensamiento Alicia y estulticia casi criminal a la que nos tiene acostumbrados la izquierda y en la que él, hay que reconocerlo, es un maestro.

Para empezar, pidió un embargo de armas contra Israel, no contra un ejército terrorista como Hezbolá, ojo, sino contra Israel, con el peregrino argumento de que "sin armas no hay guerra". Hay que ser bobo o caradura, hay que tener metida en la mollera esa falacia tan propia de la izquierda de que las leyes crean la realidad: si no nos gustan las armas las prohibimos y se acabó el problema, ¿cómo no se nos había ocurrido antes? Está claro que ese es el camino: prohibir las cosas acaba con los problemas, ahí están para demostrarlo las drogas o la inmigración ilegal, por poner sólo dos ejemplos.

O eso o Sánchez lo que quiere es darle a Hezbolá –recordemos una vez más: una banda terrorista que se ha convertido en casi un ejército, pero sin dejar de servirse del terror y de atacar a civiles– un pequeño empujón en su guerra contra un país que, al menos hasta no hace tanto, era un aliado y que en cualquier caso es una democracia occidental, no una banda de terroristas a sueldo de la satrapía teocrática de los ayatolas.

Sobre el mismo tema, el marido de Begoña dice que las tropas españolas que forman parte de la FINUL, la misión de interposición de la ONU entre Israel y Líbano, se van a quedar allí porque "realizan un trabajo extraordinario para favorecer la paz entre Israel y Líbano". Hombre, Pedro, pues el trabajo será extraordinario, pero el resultado parece que es un poco mejorable, ¿no crees? Al menos si el trabajo era de verdad "favorecer la paz".

Lo cierto es que la ONU tiene una responsabilidad muy importante en que en este momento haya una guerra entre Israel y Hezbolá: como bien dice Pedro Sánchez, tenían una misión que cumplir en esa frontera a partir de la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad: garantizar que no hubiese terroristas de Hezbolá junto a la frontera con Israel y desarmar a la organización en la zona.

El problema es que esa misión no se ha llevado a cabo. Y no por culpa de los soldados allí destacados, que estoy convencido de que han hecho lo que ha podido y les habría encantado servir de verdad para mantener la paz, sino porque en ningún momento se les han dado la autoridad y la fuerza necesarias para hacerlo. Sí, esa es la realidad: los soldados españoles –y los de otros países, aunque a nosotros esos nos importen un poco menos– llevan 18 años en el Líbano haciendo el canelo: no cumplen ninguna misión porque ellos no pueden y sus jefes en la ONU no quieren.

Así que sí, la guerra es culpa de Hezbolá, que han lanzado unos 10.000 cohetes sobre Israel en un año, y de sus amos los ayatolas, que los han pagado, pero si la ONU de verdad hubiera querido evitarla no estaríamos donde estamos.

Y negarse a reconocer la realidad, negarse a admitir que tenemos a más de 600 soldados en una zona de conflicto arriesgando sus vidas para nada –ya me dirán ustedes qué van a hacer por la paz desde los búnkeres si no han hecho nada cuando estaban fuera de ellos– es propio de un necio… O de algo peor: de un psicópata que está deseando que un golpe de mala suerte, un misil mal lanzado, un algún accidente acabe con la vida de uno de esos pobres compatriotas para montar otro escándalo diplomático y tratar de despistarnos de las chorizadas de la mujer, el hermano o el amigo íntimo y número dos.

Me niego a creer que sea así, quiero pensar que ni Sánchez puede caer tan bajo, pero lo cierto es que a día de hoy no hay otra explicación lógica. Esperemos que, como tantas cosas en la vida, esta no sea una cuestión de lógica.

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