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El octavo pasajero

Las única que en ese partido son conscientes de a quién se enfrentan son Ayuso y Álvarez de Toledo. A la primera no le hacen caso y a la segunda la tienen castigada.

Las única que en ese partido son conscientes de a quién se enfrentan son Ayuso y Álvarez de Toledo. A la primera no le hacen caso y a la segunda la tienen castigada.
Pedro Sánchez. | EFE

Feijóo sólo tiene tres caminos para descabalgar a Sánchez: dimisión, elecciones y moción de censura. El presidente no va a dimitir y no piensa convocar antes de 2027, salvo para ganar. El líder del PP ha concluido que la única forma que tiene de asentar sus reales en Moncloa es por medio de una moción de censura. Si Sánchez llegó hasta allí por esa senda, ¿por qué no iba a poder hacerlo él? Tan sólo necesita el voto del PNV. Si los nacionalistas vascos traicionaron a Rajoy por la supuesta corrupción del PP, parece fácil que puedan hacer lo mismo con Sánchez, mucho más corrupto.

No se da cuenta el gallego de que, de los tres caminos, el de la moción es el más imposible. Golpistas, separatistas y terroristas mantienen vivo a Sánchez como la araña salida de un enorme huevo mantiene vivo al personaje que interpreta John Hurt en Alien, con el fin de dar tiempo a que el monstruo se críe en su interior. Cuanto más se debilita Sánchez con las noticias de la corrupción de su entorno o su Gobierno, más se esfuerza el extraterrestre independentista en mantenerlo con vida. En eso, Aitor Esteban, por mucho que vista corbata, prescinda de los pendientes y manifieste una mejorable capacidad para hacer pareados, no es diferente a los demás. El PNV quiere, a corto plazo, la liberación de los presos etarras y, a largo, la destrucción de la unidad de España tanto como Bildu. El mismo Puigdemont, que tanto disfruta haciéndole perder votaciones a Sánchez, nunca le derribará. Le estrechará el cuello, como hacía el alienígena con su víctima, pero nunca lo matará. No hasta que haya nacido del presidente la criatura que engorda en sus entrañas, que no es otra que la ruptura de la unidad de nuestra nación.

Como en la película, sólo los suyos pueden evitar el desastre abandonando a quien engendra a la bestia antes de que la bestia nazca y acabe con ellos. Pero, igual que en el filme, el PSOE no parece capaz de tal cosa. Y, como Sánchez no va a dimitir ni hay posibilidad de una moción de censura, la única esperanza son las elecciones, que serán cuando el presidente crea tener comprados, entre parados, pensionistas y mileuristas, suficientes votos con los que volver a armar una mayoría. Así que, Feijóo, en vez de presentar estúpidas querellas sin recorrido para convencer a un PNV que no se va a dejar, haría bien en preparar las próximas elecciones sabiendo la ferocidad del ogro al que se enfrenta, mucho más peligroso del que tuvo que vencer Sigourney Weaver. Y lo tendrá que hacer con la ayuda de gente con el cerebro más pequeño que el de Jones, el gato de la Nostromo. La única que en ese partido es consciente de a quién se enfrentan es Isabel Díaz Ayuso y, tal vez, Cayetana Álvarez de Toledo. A la primera, no le hacen caso, y a la segunda, la tienen castigada.

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