
Además de lo de Íñigo Errejón, una vicepresidenta del Gobierno —María Jesús Montero— y un fiscal general del Estado —Álvaro García Ortiz— han amenazado a todos los españoles con acceder ilegalmente a su privacidad en caso de necesitarlo para alcanzar fines inconfesables. Sí, de lo de Errejón también hay que hablar, pero sin desviar la atención.
Si Álvaro García Ortiz dijo la semana pasada que él tenía información con la que podía hacer mucho daño a determinados segmentos políticos pero que no la usaría, habiéndolo hecho ya, este pasado miércoles le tocó a la vicepresidenta Montero. No era su primera vez, ya es experta en cabezas de caballo:
La señora Ayuso debe dimitir, el señor Feijóo tendría que estar pidiéndole explicaciones y no estar permanentemente echando paletadas de tierra a las cosas que conocemos, que surgen… y me imagino que en los próximos días tendrán ustedes acceso a más información que a todos nos escandalizará.
Sólo le faltó añadir que se lo acababa de filtrar a la SER. Como hizo con El Diario, medios oficiales afines a su pseudogobierno. Lo primero que debe entender cualquier ciudadano, incluidos los que están en la oposición política profesional al Gobierno, es que las palabras de Montero y García Ortiz confiesan un delito. Son claras amenazas que no se pueden entender como contienda política porque se refieren a un ciudadano anónimo. Es una violación de un derecho fundamental.
Lo segundo que no debe perderse de vista es que si son capaces de incurrir en estos delitos es por la imperiosa necesidad de tapar otros que ya están en sede judicial amenazando seriamente a toda la estructura de Gobierno, a la del partido y al entorno familiar del presidente, él incluido. Se les cae el chiringuito y eso bien vale una cacería contra Isabel Díaz Ayuso.
El PP sigue cayendo en las trampas
Sánchez conoce bien al PP y sabe que si reta a Ayuso provocará un caos en Génova 13. Es una táctica habitual del PSOE: tirar la carta adecuada y esperar a ver quién y cómo la sigue. Unas veces es el aborto; otras, el franquismo y si no, cualquier polémica que encierre trampas de género u orientación sexual.
Pero últimamente, la carta de envite es tirar de la lengua al que no se calla, sabiendo que el resto adora el silencio, el perfil bajo y el ultracentrismo, que no es sino la mediocridad política de pensar que nunca pasa nada que merezca despertar. A cada acusación o maniobra político-mediática contra Ayuso, habrá respuesta de Ayuso. ¿Sucederá lo mismo en todo el PP? Según el primer experimento, no.
El presidente del Gobierno y varios mariachis se dedicaron a insultar y calumniar a la presidente madrileña y a su novio a sabiendas de que había una cita pendiente en La Moncloa con los líderes regionales del PP. Ladrona, novia de un delincuente confeso, ¿vendrás a verme? No, por supuesto. Y Génova se puso a melindrear.
Empezaron por lo institucional y lo correcto y terminaron por lo peor: que es entendible pero que yo no lo haría. Poco más necesita cierta prensa para que un enfrentamiento entre Ayuso y Sánchez se convierta en la cizaña entre Ayuso y Feijóo. Y Sánchez, compartiendo palomitas con Abascal mientras el PP, que lleva dos al palo, se queda en fuera de juego con el partido en tiempo de descuento.
El errejonazo como escondite
El heteropatriarcadismo y el sólo sí es sí empiezan a pasar factura a la factoría de ficción de Podemos y compañía. Algunos entraron en política para hacer realidad sus sueños, que eran bastante terrenales: dinero, chalets, sexo, fiestas, excesos diarios y fama. Tal era el cielo, así de vulgar, que iban a tomar al asalto y que ahora, como estertor vengativo, llama Errejón "neoliberalismo".
El resumen es que crearon una doctrina que les ha devorado. Me too, se repetirán algunos compulsivamente mientras les llueven denuncias anónimas y otras por supuestos escándalos de hace tres años. Y las que, seguro, están por salir. El perro muerde al amo que le adiestró para atacar aunque no hubiera motivo. Entre los comunistas suelen darse estas escabechinas. Nada que no hubiera previsto Darwin.
Lo cierto es que, aunque Sumar sea socio del Gobierno, el errejonazo beneficia al clan de La Moncloa porque reduce la izquierda y diluye un poco tanto torrentismo del PSOE. Los titos bernis, los ábalos y los clientes de los Don Ángelos de España y el extranjero no son sólo sociatas, ¡qué alivio!
Pero el caso Sánchez, matriz del episodio más grave de corrupción de nuestra democracia, arrecia sin descanso. Hay un rescate de una aerolínea, lingotes de oro venezolano, millones en fraudes por compras de mascarillas mientras el mundo entero moría en una pandemia y desvío de fondos y recursos para beneficio personal, matrimonial, familiar. No se puede dar tregua.
La pregunta de Rubén Fernández por fin fue aceptada por el Politburó. Versaba sobre esos pendrives que, según José Luis Ábalos, encierran intimidades insondables que preocupan mucho. Lo sabemos gracias a un alto mando de la Guardia Civil (el DAO) y a su torpeza al confesarlo en el grupo de whatsapp equivocado. ¿Preocupan o no? ¿Qué tiene que decir el Gobierno? Se la tuvo que repetir hasta dos veces porque la cortavoz Pilar Alegría necesitaba ganar tiempo para ordenar una frasecita disuasoria. Algo que no "produciera" escándalo ni contuviera soeces. Al final apenas alcanzó a espetar un "es que no sé ni de qué me habla".
No importa. Acabaremos por enterarnos de lo mollar de esos archivos, como está pasando con casi todo. Y ese es el verdadero problema: que la soga aprieta más cada semana y no se lo esperaban. Por eso Sánchez necesita un caso Ayuso que afloje el nudo con ayuda de la prensa ética del Movimiento. Si el caso Errejón ayuda, lo promoverán también.
En esta casa somos capaces de atender varios frentes informativos a la vez, pero ojo con darle al Gobierno el aire que necesita en el momento clave. Errejón es el resumen de la hipocresía histórica de la extrema izquierda que nos deja ejemplos diarios en todo el mundo. Siempre ha existido y siempre la hemos denunciado. La mayoría de las veces, en soledad.
Pero el líder del eje del Mal sigue llamándose Pedro Sánchez, marido de Begoña Gómez, hermano de David Sánchez y mentor de todos los que están a un paso de la sombra. Mientras algunos se leen el guion para saber en qué lado colocarse sin dejar de ser estupendos y feministas, el jeque del Falcon, el que camina tres pasos por delante de Rascafondos, sigue usando al Estado contra Isabel Díaz Ayuso creyendo que es la pieza que puede salvar a Begoña, el último escudo antes de su propia cabeza.