Libertad Digital publica en exclusiva el documento que Begoña Gómez, la esposa del presidente del Gobierno, envió por correo electrónico a la Fundación La Caixa en el que sin ningún recato pide 40.000 euros al año para su cátedra en la Universidad Complutense. El desparpajo con el que se desenvuelve la señora de Sánchez a la hora de pedir dinero por ser quien es resulta digno de estudio. La misiva incluye una retahíla de vaguedades inconexas carentes del más mínimo sentido, una sarta de párrafos adornados con términos vinculados a nociones como la sostenibilidad medioambiental, las transformaciones sociales y las actuaciones estratégicas que ilustra a la perfección la clase de basura retórica con la que se maneja la señora Gómez a la hora de obtener fondos. Todo es artificio, palabrería, filfa e inconcreción salvo en lo relativo a la cantidad de dinero reclamada a la fundación bancaria, esos 40.000 euros exactos al año durante cuatro años sin ninguna justificación decente, coherente y, ahora sí, sostenible.
Un día después del pavoroso espectáculo de la soberbia esfinge en la Asamblea de Madrid, la revelación del correo electrónico muestra de forma totalmente descarnada el modus operandi de la esposa de Sánchez, esa manera de pedir dinero que provoca una intensa sensación de bochorno y vergüenza ajena y que retrata sin maquillaje alguno el descaro sin límites de doña Begoña Gómez. El documento que publica nuestro periódico es una muestra de degradación absoluta, de charlatanería, desfachatez y desvergüenza, una auténtica tomadura de pelo, una broma de mal gusto y el envoltorio de una presunta extorsión apenas disimulada, cuarenta mil euros al año para la "transformación social competitiva". Sí, la transformación de una señora cuya titulación académica no le hubiera permitido matricularse en sus propios cursos, de una mujer que sin tener ninguna licenciatura gozó de una cátedra extraordinaria, tan extraordinaria que era única en su especie. Por si todo esto no fuera suficiente, hasta llegó a valerse de una directora del ministerio de Presidencia para recordar a una aseguradora la petición para financiar la cátedra.
Todo resulta obsceno en este caso. La redacción de la misiva es un disparate de principio a fin, una colección de errores, de tópicos y de obviedades que la esposa del presidente del Gobierno vierte en un documento cuyo objetivo es obtener la nada desdeñable cifra de 40.000 euros de un banco que puede ser penalizado de muchas maneras por el Ejecutivo que preside su marido si no accede a la petición. Por ejemplo, con impuestos extraordinarios. La colisión de factores añade gravedad al procedimiento extractivo de doña Begoña. No es de recibo que la esposa de un presidente del Gobierno vaya por ahí pidiendo dinero a bancos y aseguradoras para una cátedra que de ningún modo puede ostentar y que encima se sustenta en auténticas mamarrachadas. Esa conducta continuada de Begoña Gómez es motivo más que suficiente para que Pedro Sánchez presente su dimisión. En este asunto Sánchez no puede desentenderse como trata de hacer con Ábalos. Hablamos de su esposa. De su señora pidiendo dinero a un banco. Un delirio que en cualquier país democrático se habría saldado con la dimisión del presidente en el momento de estallar el escándalo o antes incluso.
La situación procesal de Begoña Gómez es grave, pero aún más la de su esposo, rodeado de afines y familiares imputados en procedimientos judiciales con perspectivas extraordinariamente pesimistas para los investigados. Corrupción en el PSOE, corrupción en el Gobierno y corrupción en la familia. El documento que publica Libertad Digital es histórico, la prueba de un comportamiento presuntamente delictivo (gramática al margen) que retrata a la interesada, una profesional del silencio y de la extracción de fondos públicos y privados en calidad de señora de. Nada que ver con la mayoría de mujeres de este país.