
Ya hemos comentado alguna vez por aquí que no hay nada que le guste más a la derecha que un PSOE bueno, con sentido del Estado, patriota y que se sienta españolísimo. Tanto es así que yo creo que la mayoría de los medios y buena parte de los partidos de eso que podríamos llamar el centro-derecha llevan tiempo buscándolo con un ahínco que ni los caballeros del rey Arturo cuando buscaban el Santo Grial.
Con cada nueva ley disparatada confían en que algún diputado vote no; tras todas y cada una de las cesiones al separatismo esperan la rebelión de varios barones territoriales; si hay otro pacto con Bildu las columnas y las tertulias constatan que eso sí que es una línea roja y que no lo podrán soportar los socialistas de Ciudad Real o Murcia, y no digamos ya sus votantes, ni hablar, imposible, impensable.
Y no digamos la corrupción: ¿cómo va a poder soportar el PSOE bueno el espectáculo de Koldo, Aldama, Ábalos, Torres, Begoña Gómez y Víctor Sánchez? Va a haber contestación interna, van a saltar las chispas, huele a rebelión.
Pero, ay míseros de nosotros, al final no se bajan del tren ni los polizones: ahí está el partido en bloque aguantando carros y carretas y cuando la catedrática fake entraba en el congreso de Sevilla del PSOE en lugar de silbidos se escucharon gritos de "¡Begoña, Begoña!". Ni un paso atrás.
Al PSOE bueno no lo encuentran como Pablo Milanés no encontraba su unicornio azul, pero sí han dado con una explicación: es que Sánchez ha secuestrado el partido. Desde ese punto de vista el reciente congreso de Sevilla sería algo así como la culminación ese proceso de abducción, la culminación de la emboscada. Modestamente, yo no lo veo así, es más, diría que es justo al revés, que lo que ha hecho el presidente del Gobierno es lo justo contrario: descubrir, en todo su esplendor, al PSOE real.
Porque ni las cesiones a los separatistas, ni el odio a España, ni el sectarismo atroz, ni la corrupción galopante, ni la ocupación de las instituciones, ni el desprecio a la democracia son nuevos en el PSOE, el partido que se estrenó en Cortes amenazando al presidente del Gobierno, que se sumó a una dictadura, que dio un golpe de Estado contra la República, que llegó al poder manipulando las actas de las elecciones… El partido de las checas, de la entrega a Stalin, el del crimen del Estado y, sobre todo, el que nunca jamás se ha mostrado arrepentido por nada de esto sino que sigue reivindicando como héroes a todos los criminales de su pasado, que son legión.
Lo que ha hecho Sánchez no es secuestrar a una asociación benemérita de honrados filántropos y convertirla en una mezcla de la cuadrilla de Alí Babá y la horda de Atila, no, este PSOE es el de toda la vida, sólo que sin necesidad de disimular, sin cortarse, con todo el descaro, que en lugar de avergonzarse de sus miserias las enseña con orgullo. Lo mismo de siempre, vamos, pero en la época de las redes sociales y el exhibicionismo.
No es el PSOE secuestrado por una cuadrilla, es el PSOE auténtico, aunque muchos se nieguen a verlo porque, es verdad, esta es una verdad desagradable, sobre todo si eres de esa derecha que está deseando entenderse con la izquierda.
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