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La corrupción es el régimen

¿Cómo es Sánchez capaz de mantener a su grey, no ya callada, sino aplaudiendo a rabiar? Corrompiéndola.

¿Cómo es Sánchez capaz de mantener a su grey, no ya callada, sino aplaudiendo a rabiar? Corrompiéndola.
LD/Agencias

En el último congreso del PSOE, los delegados aplaudieron como procuradores a un secretario general que no puede salir a la calle por el rechazo que su persona provoca en buena parte de la población. No sólo, sino que aclamaron a su mujer, investigada por delitos que no podría haber cometido de no ser la esposa del presidente del Gobierno. Su hermano está domiciliado en el mismo pueblo de Portugal donde el "nexo corrupto" de la trama, que también tuvo relación con su esposa, domicilió cuatro sociedades. La que fue su mano derecha está acusada de corrupción en una trama que salpica a otros dirigentes del PSOE, como Torres, Armengol, Ribera y Maroto. Su secretario de Organización, nueva mano derecha que sustituyó a la anterior, también está acusado de corrupción, además de cargar con el desdoro de haberse plegado en nombre del PSOE a las exigencias de impunidad de un golpista. Que en el PSOE no haya la más mínima crítica interna visible en una situación así y que no haya un sólo ministro que, por no verse ahogado entre tanta boñiga no haya dimitido, explica bien a las claras la clase de partido que es el socialista.

Si el régimen sanchista fuera simplemente corrupto, habría saltado a los medios alguna clase de reacción. Pero no la hay. ¿Cómo es Sánchez capaz de mantener a su grey, no ya callada, sino aplaudiendo a rabiar? Corrompiéndola. De modo que no es que el sanchismo sea corrupto es que es la corrupción misma. No es que haya un ministro que cobre comisiones, es que todos reciben beneficios inmerecidos a cambio de la porquería que tragan. No es que haya un dirigente que tiene que ocultar las trapisondas cometidas cuando era presidente de una Comunidad Autónoma, es que todos los socialistas con cargo tienen algo que ocultar, con lo que en el mejor de los casos son objeto de chantaje. Si están limpios, no ascienden.

No podemos saber qué ocurre en concreto, pero tenemos ejemplos de una y otra cosa. El ministro de Exteriores pasa por que Sánchez dé un giro a nuestra política exterior con Marruecos, que apuntalemos a una dictadura cruel como la de Venezuela, que nos enemistemos con Israel y adorna su sumisión con su vacía fatuidad. Podíamos creer que lo hace con tal de ser ministro, pero quia, no hay quien soporte tanto a cambio de calentar un sillón. Hemos sabido hace poco que el Gobierno dio una subvención de 111 millones de euros a una empresa desconocida, prácticamente inactiva que nombró enseguida como subdirectora a la pareja del ministro. Cabe sospechar que no será la única bicoca. ¿Y no pasará lo mismo con el resto del Consejo de ministros?

Otro es el caso de Juan Lobato, que temiendo ser investigado por el delito de revelación de secretos presuntamente cometido por el fiscal general, se fue a un notario a levantar acta de las pruebas que le exculpan por no fiarse de lo que le pudiera pasar a su teléfono (o a él). Para que no opusiera resistencia a su defenestración, se le premió con el cargo de senador autonómico, aunque cabe sospechar que no sólo hubo la zanahoria del Senado, sino también el palo de revelar vaya usted a saber qué inconfesable episodio de su vida política. Éste es el sanchismo, corrupción quintaesenciada.

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