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¿Llegaremos a ver a Begoña de presidenta de Telefónica?

No sabemos si el Gobierno conseguirá un boicot total de la publicidad del Ibex35 a los medios críticos, o, tras la batahola, nos iremos arreglando a la baja.

No sabemos si el Gobierno conseguirá un boicot total de la publicidad del Ibex35 a los medios críticos, o, tras la batahola, nos iremos arreglando a la baja.
Presidente de Telefonica, Jose Maria Alvarez Pallete | Cordon Press

Mientras la Oposición juega al mus con las musarañas o desayuna cebada en X, el Gobierno ha adelantado los plazos para ahogar a los medios controlando la publicidad de las empresas del Ibex 35 (3’5 y gracias). De golpe, porque, en la pobre España, todo es golpe, naturalmente, de Estado. La justicia es lenta, pero no tanto como desearía el clan de los Sánchez, así que ha recuperado el plan de control de la publicidad en los medios de hace unos meses. Repito que no es nada nuevo, pero entre Aldama y los jueces, le han obligado a acelerar la toma del Ibex 35 y, con ellos, de la publicidad.

El asalto a Telefónica se ha hecho con tanta prisa como estrépito, porque se trata de amedrentar antes de golpear, de hacerse temer antes de convencer. Y la razón, insisto, es la prisa o las prisas viendo la sombra del banquillo. Absurdo, porque la sombra va pegada al cuerpo, pero qué sabe Sánchez de lo que no sea atropellar, delinquir, prevaricar y demás gollerías del Poder.

Un viejo proyecto con los mismos obstáculos

Ni un solo medio independiente tituló ayer: "Los accionistas de Telefónica echan a Pallete". Todos, salvo el Gargantúa de PRISA, que está en Indra, caballo de batalla o de Troya en esta operación, apuntaron a Sánchez. Pero si uno repasa la hemeroteca, el proyecto lo anunció Vichinski Bolaños con el mismo argumentario que la Ley Begoña: combatir el fango y el bulo de que el Gobierno lleva delinquiendo desde que nació, a la sombra de Delcy. Sucede que el caso del fiscal general del Estado ha demostrado más allá de toda duda que el que tiene medios fangosos y buleros a sus pies es Sánchez, y que no vacilan en defender lo indefendible, aunque sea delinquiendo lo delinquible y más. El diario de Gargantúa anda ahora defendiendo al fiscal personal de los Sánchez Gómez con el argumento, obviamente manipulado, que rechazaba cuando lo publicó El Mundo. Le da igual que hasta Miguel Ángel Rodríguez demuestre que mienten. Ellos, a lo suyo. ¿Y cómo no van a mentir y a hacer lo que haga falta cuando se juegan miles de millones en una timba donde Gargantúa y Cuerpolín no tienen que apostar para ganar?

Sin embargo, los planes gargantuescos se han paralizado más veces que la OPA del BBVA al Sabadell, porque en toda operación de altos vuelos en que participa gente alfabetizada hay dos factores esenciales que escapan a los planes políticos: el humano y el profesional. El proyecto de fondo, se dijo hace meses, pasa por Ángel Simón al frente de La Caixa y empresas participadas y Murtra, un hombre para todas las estaciones, donde haga falta.

Ambos están políticamente identificados con el PSC, pero, ¿alguien sabe a estas alturas qué quiere el PSC? Si, como se reprochó a Cambó, Illa aspira a ser a la vez el Bolívar de Cataluña y el Bismarck de España, ¿qué hacer con las empresas de ámbito nacional e internacional, todas ellas más allá del alcance suasorio de Godó? Ni Simón ni Murtra son García Ortiz. Y si los fondos, como parece, han apoyado la opción Murtra es que les parece la menos mala de las posibles. Que no es decir mucho y puede sugerir todo.

Telefónica es uno de los grandes anunciantes en los medios, que, a diferencia de las empresas públicas, que viven prevaricando como Salomé vivía cantando, y delinquen mientras se arruinan como Correos y la Renfe, han mantenido un nivel profesional, no tan entusiasta como César Alierta, pero tampoco criminoso, como el boicot de la publicidad oficial a los medios insumisos. Es posible que Telefónica, La Caixa y otros grandes del Ibex35 mantengan, como hasta ahora, una distancia civilizada con los medios críticos, y también que cedan al dictado del despotismo sanchista, porque hace tiempo que la transparencia desapareció de las operaciones empresariales o financieras de envergadura, si es que alguna vez existió esa quimera. Recuerdo la época de las fusiones de Banesto, Vizcaya, Bilbao, Central y demás, todas totalmente opacas, y tuteladas por un gobierno, el de González y Solchaga, más preparado que éste. Pero todas acabaron de forma distinta a la diseñada en la Moncloa. Alguna, incluso, en la cárcel.

La costumbre de sobrevivir a nuestros verdugos

Las empresas cotizadas están en manos del Gobierno, pero tampoco pueden hacer lo que les dé la gana o lo que mande la política, porque el mercado y los accionistas buscan un beneficio que no se logra trabajando a pérdidas, como Televisión Espantosa u Oficina del Fango. Hay empresas, como la PRISA de Gargantúa o el Barça de Laporta, que pernoctan en las lujosas ruinas que les habilita el poder político socialista y separatista. Pero al final, la ley del mercado suele rescatar la realidad o mitigar la ficción.

El asalto a Telefónica, previsto o previsible, nos plantea un problema distinto, pero no nuevo. No sabemos si el Gobierno conseguirá un boicot total de la publicidad del Ibex35 a los medios críticos, o, tras la batahola, nos iremos arreglando a la baja, como tantas otras veces. Lo que sí sabemos es que el Grupo Libertad Digital, en estos 25 años a punto de cumplir, ha logrado sobrevivir a Aznar, Zapatero, Rajoy y, seis años ya, a Sánchez. Hemos asistido a los funerales de todos los políticos que juraron que nos liquidarían. Y seguimos disfrutando con el Réquiem de Mozart. De momento, no veo a Begoña presidiendo Telefónica. Y no por falta de ganas.

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