
A mí no me pueden sancionar los árbitros. A mí no se me pueden poner delante con cara de estar oliendo bacon quemado y sacarme una tarjeta roja con el pecho hinchado. Y por eso puedo hablar con libertad. Todo lo contrario, por desgracia, de lo que les ocurre a los entrenadores y jugadores del fútbol español que viven, sin ninguna duda, bajo la dictadura de los colegiados. ¿Me criticas? Te sanciono. ¿Te enfadas conmigo sobre el césped? Te expulso y te meto, depende del equipo que seas, los partidos que a mí me parezca. ¿Te digo en verano que es mano una cosa y luego la cambio? Te fastidias. Ahora bien, si ellos lo hacen mal, no digas nada, que los niños se enfadan.
Como esta columna está relacionada con mi cobertura del Atlético-Villarreal de este fin de semana voy a centrarlo en dicho duelo, pero no me puedo olvidar de las nuevas Gil Manzanadas de este fin de semana o de las palabras de Jagoba Arrasate diciendo que gracias al BAR se está desilusionando con el mundo del fútbol. Sí, he puesto BAR y no VAR, porque es lo que parece. Por cierto, Primera División se lleva los focos, pero si se pasan alguna vez por Segunda División... ¡Mamma mía! Lo que tenemos y lo que viene, señoras y señores. Vamos con el Atlético-Villarreal, que en realidad fue Atlético vs Sánchez Martínez.
Ante todo y como primer punto a destacar decir que era un auténtico partidazo el duelo entre rojiblancos y castellonenses. Fue intenso y muy peleado. Muy serio el equipo de Marcelino que tuvo opciones incluso de irse con 0-2. Por otro lado el Atlético pagó los excesos físicos de jugar con 10 ante el Leverkusen durante una hora y las rotaciones no terminaron de funcionar el sábado. Eso en lo deportivo, sin embargo, el show que se vivió el fin de semana en el Metropolitano fue esperpéntico. De hecho pasé menos miedo viendo Nosferatu en el cine que a Sánchez Martínez pitando en el estadio colchonero.
Créanme, aún no salgo de mi asombro porque fue un combate en toda regla entre el señor Martínez y el conjunto local. Con un arbitraje de esos sibilinos que gustan mucho en España. Esos que cuando el partido se pone divertido, los señores de amarillo deciden parar faltita a faltita. ¿Por qué? Porque el árbitro español prioriza sus propios intereses. El colegiado de la Liga EA Sports no quiere que tú que pagas por ver el partido en televisión o que pagas tu entrada para ir al campo disfrutes de un partido intenso de ida y vuelta. No, no, ni mucho menos. Ellos lo único que quieren es que a ellos no se les vaya el partido de las manos. Por eso el fútbol español, a día de hoy, está en manos de los árbitros. Así de claro. Tú pagas tu entrada, vas al campo y ya no solo dependes de que tu equipo tenga el día sino que también debes rezar para que otros no te lo estropeen. Como no me van a sancionar lo digo: el fin de semana, Sánchez Martínez estropeó el Atlético-Villarreal.
El partido del sábado en el Metropolitano tiene varios fallos en los que podríamos entrar, como la sobreexcitación para pitar el penalti de Reinildo con inacción del BAR para intervenir. O algunas jugadas parecidas en área del Villarreal que Sánchez Martínez y sus colegas no quisieron ver. Pero lo que más sacó de quicio al respetable fue que por un momento, el partido se convirtió en el show de Sánchez Martínez. Ojo, casualmente, el señor Martínez siempre tiene el pito y las tarjetas muy afiladas cuando toca arbitrar al Atlético, pero es que lo del otro día rozó lo surrealista. No solo pareció venirse arriba cuando el público empezó a pitar parando el partido continuamente con curiosas faltitas sino que además tuvo momentos en los que ambos equipos no sabían qué le pasaba o qué había pitado. Tiene mérito, de verdad. Eso no se lo puedo discutir. En eso es el mejor. Confundir a dos equipos enteros y a un estadio de 65.000 espectadores no es fácil y Sánchez Martínez lo consiguió.
Pongo el ejemplo más vergonzoso. En una jugada embarullada en el área, el Atlético despeja y cuando nadie, ni siquiera del Villarreal, pedía una mano o algo dentro del área que Sánchez Martínez pudiese pitar, el propio colegiado manda parar el choque para hablar con el VAR por si hay algo que pitar. Desde la zona de prensa pude ver a varios jugadores del Villarreal mirarse atónitos porque nadie había pedido nada de nada dentro del área. Pues bien, Sánchez Martínez aunque nadie le pida nada, si a él le interesa, lo busca. ¿Por qué? Él sabrá.
A todo esto yo no voy a caer en la trampa de decir que aquí hay corrupción o cosas por el estilo. Eso sería elogiarles. No, yo no voy a darles el beneficio de pitar mal porque en realidad saben lo que hacen. Lo siento, pero no. Igual que tenemos la libertad para decir que un jugador o entrenador lo hacen mal o que no valen, creo que debemos tener la misma libertad con los colegiados. Son malos y punto. Es lo que hay. No valen para el nivel que se les exige. Eso sí, no tengo ninguna duda de que sí están condicionados. Por ellos mismos, ojo. Saben muy bien qué les conviene pitar y juegan esas cartas. Ahí sí que no tengo dudas. Igual que hay jugadores que en algunos escenarios se hacen chiquititos, a los árbitros también se les afinan o desafinan los pitos dependiendo de las repercusiones que puedan tener sus decisiones. ¿Les gusta lo que digo? Seguro que no, pero a mí, repito, no me pueden sancionar.
Estamos ante la peor generación arbitral de la historia. No tengo ninguna duda. Son cada vez peores y cada vez menos coherentes con el reglamento que tanto predican a base de letras pequeñas que pueden manipular a su antojo. Además, ya no lo demuestran solo un árbitro y dos líneas sino que ahora hay más entre el campo y el VAR, haciendo que lo que antes era un fallo de tres ahora sea de más. En la época en la que más tecnología tienen para ser mejores acaban siendo peores. Lo dicho: la peor generación arbitral de la historia.
Respecto al Atlético en general, que es de lo que me gustaría haber hablado más, mantengo que la sucesión de hechos vino condicionada por el Bayer Leverkusen. El desgaste de Champions provocó rotaciones. Dichas rotaciones bajaron el nivel del equipo. Y además le tocó jugar ante el Villarreal y ante Sánchez Martínez. Aún así, mi opinión es que Simeone sacó el once que tocaba sacar visto el contexto y el Atlético llegó con lo justo para mostrarse fresco en un partido decisivo ante un rival siempre complicado. Queda mucho. Muchísimo. Y como dije hace poco, "Atlético, aún te queda mucho por aguantar". Partido a partido y yo añadiría paciencia y fe. Una para aguantar y la otra para rezar arbitralmente hablando.