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No a la tercera pata

Sólo si la democracia sigue en pie tendremos también la oportunidad, en un futuro menos dramático, de cambiar esos partidos por otros que nos representen más.

Sólo si la democracia sigue en pie tendremos también la oportunidad, en un futuro menos dramático, de cambiar esos partidos por otros que nos representen más.
Macarena Olona en el Congreso de los Diputados. | LD/Agencias

Hablaba Luis Herrero Goldáraz por aquí ayer mismo de "las lagunas del mercado electoral" y sobre lo difícil que es sentirte representado por los partidos políticos, que al menos en nuestro país son estructuras con más defectos que virtudes y que no suelen contar entre sus élites dirigentes con personajes comparables a Churchill o Thatcher, por poner sólo dos ejemplos.

Con unos años más que el bueno de Luis, yo todavía estoy más desengañado que él: no es que sentirte representado por un partido sea difícil, es que es contraproducente, habla mal de ti. Estamos, debemos estar, muy por encima de los partidos, que son sólo maquinarias para cumplir unas pocas funciones concretas, sobre todo echar del poder a otros partidos y, me temo, dar de comer muy bien a algunos que no tendrían donde caerse muertos en caso contrario.

La vida moderna, la dictadura de las masas y del marketing político y la superficialidad de una sociedad cada vez más infantil nos lo deberían poner muy claro: si un partido te representa o bien tienes un sueldo gracias a él –muy comprensible, más cornás da el hambre y peor sería meterse a inspector de Hacienda– o bien tienes un problema de estrechez de miras y casi diría que de fanatismo, pues estás metido en una especie de secta que ha anulado tu voluntad y tu capacidad para pensar con independencia.

Traigo esta reflexión también a cuenta de las declaraciones, esta misma semana, de Macarena Olona e Iván Espinosa de los Monteros abriendo la puerta a una "tercera pata" en la derecha, es decir, a un tercer partido que acoja a aquellos votantes que no están contentos, quién podría estarlo, ni con el PP ni con Vox.

Es una idea estupenda si lo que queremos es mantener a Sánchez en el poder hasta que de la democracia española no queden ni las raspas. Es más: ya puestos, tengamos todos los grupos, grupitos y grupúsculos del centroderecha nuestro propio partido y asegurémonos así de que la izquierda, esta izquierda, esté en el Gobierno hasta que las ranas se afeiten todas las mañanas.

Es hora de que aquellos que nos preocupamos sobre el futuro de las libertades en nuestro país nos comportarnos como adultos: si lo que echamos de menos es una acción común entre PP y Vox para poder sacar a Sánchez de Moncloa sólo nos falta que el tango, en lugar de bailarlo dos, que ya es complicado, lo tengan que bailar tres. Sí, qué bien estaríamos todos representaditos y con nuestro partidito, muy satisfechos porque alguien defiende exactamente nuestras ideas y no las del vecino de abajo y mucho menos las del quinto, que es liberalconservador y no conservadorliberal, una vergüenza, no se puede pactar con esos tíos.

Sí, ya sé que PP y Vox son dos desastres, pero son lo que hay, no tenemos tiempo de cambiarlos y no podemos hacer lo que en su día hizo la oposición venezolana, actuando como el ejército de Pancho Villa y dándole a la narcodictadura bolivariana todas las oportunidades del mundo para alcanzar el poder y mantenerlo. Piensen que sólo si la democracia sigue en pie tendremos también la oportunidad, en un futuro menos dramático, de cambiar esos partidos por otros que nos representen más, si es que eso es posible. Mientras tanto, por favor, que nadie saque la tercera pata y, sobre todo, que nadie la meta.

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