La catalanofobia de Trump
Al presidente de los Estados Unidos le ocurre lo mismo que a la mayoría de los habitantes de Cataluña: tampoco le interesa el cine en catalán.
Al presidente de los Estados Unidos le ocurre lo mismo que a la mayoría de los habitantes de Cataluña: tampoco le interesa el cine en catalán. Pero en su caso particular es por motivos distintos. Yo no sé si habrá alguien que vaya al cine para ver las películas en catalán. Es más, ni siquiera recuerdo si yo mismo he visto películas en catalán dentro de salas comerciales. Tal vez sí haya visto alguna, pero, en cualquier caso, el asunto no tiene ninguna importancia. En fin, supongo advertido al lector que me conozca un poco de que personalmente no creo que el cine sea cultura, sino un simple entretenimiento popular, muy digno y respetable huelga decir, pero carente de mayor trascendencia, como tampoco creo, por cierto, que las lenguas configuren la identidad de las personas. Y ya sé que estos juicios iconoclastas escandalizan a las almas sensibles y a los espíritus nacionales beatos, pero es lo que hay.
Por eso, celebro que los yanquis piensen igual. Los americanos dominan el mundo, sobre todo, porque no se prestan a estos autoengaños románticos y sensibleros tan caros siempre a los letraheridos europeos. Ellos hacen cine para ganar dinero y solo para ganar dinero; algo que constituye, por cierto, la única modalidad moralmente aceptable de dedicarse a eso que los cursis, los pedantes y los horteras llaman séptimo arte. El cine es lo mismo que la industria del corcho, la de los semiconductores o la de los repuestos de neumáticos para camiones de larga distancia.
El cine, sí, constituye un negocio mercantil como otro cualquiera. Y cuando no ocurre tal cosa, es porque alguien anda estafando a los contribuyentes por la vía de apropiarse de su dinero con la complicidad activa de algún cargo político. Así las cosas, en las plataformas de streaming se almacenan cintas dobladas a la lengua vernácula no porque existiera demanda en el mercado para ese tipo de productos, sino porque ERC amenazó a Sánchez con no votar los Presupuestos de 2021 en caso de no imponerlo por ley. Pero Donald, ay, no es Pedro.
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