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El obsceno chantaje separatista a Sánchez

Las presiones separatistas son tan obscenas que haría mucho tiempo ya que cualquier otro gobernante habría renunciado a un poder ejercido en condiciones tan penosas.

Pedro Sánchez y su Gobierno están sometidos a los dictados de los partidos separatistas en lo que constituye una de las relaciones políticas más tóxicas y lesivas de la historia de la democracia española. Lejos de cualquier discreción o disimulo, tanto Junts como ERC están enfrascados en una carrera que consiste en exprimir la debilidad de Sánchez y su obsesión por mantenerse en Moncloa a cualquier precio. Las presiones separatistas son tan obscenas que haría mucho tiempo ya que cualquier otro gobernante habría renunciado a un poder ejercido en condiciones tan penosas y lamentables, bajo las exigencias constantes de los golpistas y a costa del desmantelamiento del Estado y de inauditas concesiones económicas.

Por si no fuera suficiente la corrupción que envuelve al presidente del Gobierno, con su hermano, su esposa, su examigo Ábalos y su fiscal general imputados, el lamentable espectáculo se completa con el sometimiento a los caprichos de un prófugo de la justicia como Carles Puigdemont y de otro golpista como el indultado Oriol Junqueras. La ley de amnistía, los traspasos de competencias, las condonaciones de la deuda de la Generalidad y un concierto económico para Cataluña son sólo algunos de los recibos que ha tenido que abonar Sánchez a cargo del bolsillo de los españoles para seguir instalado en el poder.

A Sánchez no le ha temblado el pulso a la hora de entregar a la Generalidad competencias como las de inmigración y fronteras porque así se lo ha exigido Puigdemont. Tampoco ha mostrado la más mínima alteración al asumir las pretensiones económicas de ERC. Todas y cada una de las peticiones separatistas han sido satisfechas, la mayoría de ellas en presencia de un mediador internacional para apretar aún más las tuercas de la humillación. La escena es siempre la misma. Ultimátum separatista y cesión sanchista no sin antes amagar con la posibilidad de que por una vez prime la razón de Estado y el interés general de los españoles en vez de los intereses particulares de Sánchez y su entorno. Sánchez se mantiene sólo gracias a los independentistas, cuya obsesión no sólo es esquilmar a España a través de su presidente del Gobierno sino que se note, que se aprecie con todo detalle que quienes mandan en España son Puigdemont y Junqueras, el tándem que dirigió el golpe de Estado de 2017.

Como a la hora de regodearse en su influencia no descansan ni en Semana Santa, el secretario general de Junts, Jordi Turull, ha aprovechado estos días para recordar a Sánchez las condiciones y fecha de caducidad de su apoyo. Si antes del verano no hay avances en la oficialidad del catalán en Europa, la aplicación de la amnistía a Puigdemont (con foto con Sánchez incluida) y el traspaso de inmigración y fronteras, retirarán su apoyo parlamentario al Gobierno. Comienza de nuevo el "show" del deterioro institucional, las idas y venidas de Zapatero y Cerdán a Suiza para tranquilizar a Puigdemont y Míriam Nogueras. Y lo mismo con ERC y Junqueras, tan o más insaciables que sus acérrimos enemigos de Junts a la hora de chantajear a Sánchez y usarlo como llave maestra para completar el golpe.

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