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Rufián, el "líder" que necesita la izquierda

La cuestión es que sin más bagaje que su morro, Rufián pretende ser un nuevo Pablo Iglesias, otro valladar frente al fascismo.

La cuestión es que sin más bagaje que su morro, Rufián pretende ser un nuevo Pablo Iglesias, otro valladar frente al fascismo.
El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, en una imagen de archivo. | Cordon Press

El ínclito Gabriel Rufián aspira a liderar una candidatura conjunta de la izquierda "plurinacional" para las próximas elecciones generales. El ideólogo de la iniciativa es Joan Tardà, el antecesor de Rufián en el Congreso, un político fino como un mojón y que tras el fracaso del golpe de Estado separatista se presenta como una especie de primo entre pares de la izquierda y la extrema izquierda. Prueba de su calaña es que se trata de uno de los que bautizó a Arnaldo Otegi como "un hombre de paz". Y ahí está el personaje, tutor y valedor de Rufián en la capital y ahora dando lecciones de táctica y estrategia por las emisoras afines.

Pero Tardà es un secundario, además de tremendo intelectual en comparación con su pupilo, un tipo dispuesto a abrirse paso a puñetazos. Que se lo digan a José Rodríguez, alias Trinitro, un exdiputado de ERC en el Parlamento catalán a quien Rufián retó a una pelea a puño pelado cuando ambos militaban en "Súmate", una formación ideada por ERC para meter ahí a los militantes que hablaban en español y dar así a entender que el proceso separatista no hacía distinciones entre catalanes puros y charnegos. Un disparate que muestra el sesgo identitario y racista del partido republicano.

Trinitro y el Pijoaparte de Santa Coloma no llegaron a las manos, pero en la disputa, que era para decidir quién iba en las listas para Madrid, se impuso Rufián, que tenía el favor de su gran descubridor, el mismísimo Oriol Junqueras. El resto es historia. De aquella promesa de que sólo estaría 18 meses en Madrid, justo hasta que se proclamara la república catalana, han pasado más de diez años y Rufián ya es más de la capital que de su pueblo. El hombre se ha adaptado estupendamente a la vida madrileña y disfruta de las excelencias de una ciudad abierta y tan diferente a la Cataluña nacionalista en la que se le considera un traidor. Tal cual. Sin apellidos catalanes, habla demasiado en español y su dominio del catalán evidencia el fracaso de la totalitaria inmersión lingüística.

La cuestión es que sin más bagaje que su morro, Rufián pretende ser un nuevo Pablo Iglesias, otro valladar frente al fascismo. Sí, sí, un chaval que también le hace la pelota a Otegi y que cinco minutos antes de que se publicara el informe de la UCO sobre Cerdán ponía la mano en el fuego por el exsecretario de Organización del PSOE. Cerdán, Rufián, Ábalos, Sánchez... Todos se parecen en que nadie se explica cómo alcanzaron la cima, cómo lograron disimular sus carencias, querencias y tendencias y en cómo mienten, sin complejos, sin reparos, sin límite y a fondo. Pues eso, que Rufián pretende quitarle el puesto a Yolanda Díaz, pero Junqueras no acaba de ver la jugada. Se nos viene un 2026 de órdago.

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