El año no podía empezar con una noticia mejor que la captura de Nicolás Maduro: el narcodictador venezolano ya está bajo custodia de Estados Unidos y podemos estar seguros de que ahora va a responder por sus múltiples crímenes, sobre todo contra los venezolanos, pero no solo: el régimen chavista ha sostenido a otras dictaduras criminales como la cubana y ha contribuido de forma decisiva a la expansión de su modelo criminal por buena parte de Iberoamérica y, por desgracia, también de Europa.
Se esperaba la intervención de Estados Unidos desde hace semanas, aunque no estaba claro qué forma iba a tener. El propio Maduro temía una operación directamente en su contra y había extremado sus medidas de seguridad, pero no le ha servido de nada: la información de inteligencia americana es excepcional y la audacia de la operación de los Delta Force para la captura ha sido impresionante: es, literalmente, una operación de película.
Además, el éxito de esta operación es también un signo claro de la debilidad de un régimen que ha llevado a todo el país al borde del colapso y que, está cada día más claro, no tiene ninguna capacidad ya no de dar una respuesta militar, sino ni siquiera de proteger a sus máximos responsables.
Como decimos, la caída de Maduro es una gran noticia, pero ahora debe caer el régimen, esa gigantesca maquinaria de represión y delincuencia internacional que si se mantiene en pie seguirá masacrando a los venezolanos, inundando el mundo de droga y extendiendo su influencia criminal a otros países, tal y como ha hecho desde el momento mismo de la llegada de Hugo Chávez al poder.
Hay pocas dudas de que será así y, de nuevo, lo único que nos queda por saber es qué va a ser necesario para que se produzca una transición y lleguen al poder aquellos a los que los propios venezolanos eligieron democráticamente y con una mayoría abrumadora en las elecciones de julio de 2024. Puede que haya elementos del régimen que estén dispuestos a intentar mantenerse en el poder aunque sea a costa de un baño de sangre, pero visto lo que le ha ocurrido a Maduro, es muy probable que muchos piensen más en su seguridad personal y en salvar las inmensas fortunas que han acumulado en estas décadas de latrocinio.
Cuando se produzca esta previsible caída del chavismo va a ser un terremoto político de los más importantes en décadas y no solo alcanzará a países o gobiernos que han colaborado con la narcodictadura venezolana en Iberoamérica, como Cuba, Colombia o Nicaragua, sino que puede tener una fuerte onda expansiva también en España.
Hace unos días publicábamos en Libertad Digital que la administración estadounidense tiene ya pruebas sólidas contra Zapatero y "otros miembros de anteriores gobiernos" españoles y no se trata solo de un tema personal del expresidente: las relaciones del actual Ejecutivo con el narcorrégimen, su respaldo poco disimulado a Maduro y los suyos, episodios como el famoso paso de Delcy Rodríguez por Barajas y los casos de corrupción que ya ligan decisiones del Gobierno con maniobras de Venezuela hacen que lo que ha ocurrido este sábado sea para Sánchez y los suyos la peor noticia posible con la que empezar el año.
Tan mala como buena será para un pueblo que lleva más de un cuarto de siglo sojuzgado por un régimen que, por desgracia, demuestra una vez más lo que ocurre cuando los criminales llegan al poder.
Solo nos queda una cosa más: hoy, más que nunca pero como siempre, gritamos "¡Viva Venezuela libre!".

