La izquierda española tiene motivos para estar aterrorizada
Las revelaciones del proceso judicial ayudarán también a determinar quiénes se han beneficiado de la miseria del pueblo venezolano y a cambio de qué.
La caída del dictador Maduro y su traslado a EEUU para responder de sus crímenes es una gran noticia para los venezolanos, impensable hace tan solo unas pocas semanas. En contra de lo que asegura la izquierda occidental en sus tímidas reacciones, Washington no ha derribado un régimen, sino capturado a un delincuente internacional que se había apropiado del Gobierno de Venezuela tras adulterar groseramente las últimas elecciones.
La noticia sumió en el estupor al Gobierno de España, cuya cercanía con los regímenes marxistas que están destruyendo Sudamérica es más que notoria. Como prueba está el primer mensaje aventado por Sánchez en las redes sociales tras la detención del dictador caraqueño, en el que empezó afirmando que su Gobierno "no reconoció al régimen de Maduro", una forma ciertamente humillante de ponerse la venda antes de la herida. Más tarde rectificó con una nota más acorde con su esencia totalitaria, presentándose como referente mundial de la democracia y suscribiendo junto con los países vinculados al régimen chavista un documento lamentable de rechazo, colocando a España, una vez más, en el lado fracasado de la Historia.
Pero Sánchez ya no engaña a nadie; tampoco en este asunto, puesto que los vínculos de los socialistas y podemitas españoles con el chavismo están sobradamente contrastados. En cuanto a los primeros, basta recordar las oscuras misiones de Zapatero para blanquear al régimen de Maduro, las gestiones caribeñas de históricos dirigentes socialistas convertidos en comisionistas de la dictadura, el aterrizaje de la siniestra Delcy Rodríguez en suelo español contraviniendo las órdenes de la UE o el rescate irregular de la aerolínea Plus Ultra, vinculada estrechamente al régimen venezolano. Ninguno de estos escándalos se hubiera producido sin la participación directa de los dirigentes del PSOE y el Gobierno de Sánchez, convertidos en paladines europeos del chavismo a cambio de oscuras contrapartidas de todo tipo aún por determinar.
En cuanto al movimiento ultraizquierdista fundado por Iglesias y Monedero, fueron los chavistas lo que financiaron su entrada en la política española, donde aún siguen, si bien de forma cada vez más reducida, para vergüenza de los españoles, obligados a soportar semejante inmundicia política en las instituciones de la Nación.
Unos y otros tienen sobrados motivos de preocupación tras la detención de Nicolás Maduro. La caída completa del régimen es ya únicamente una cuestión de tiempo en medio del pánico de los jerarcas chavistas, que buscarán atenuar sus responsabilidades aportando información de todo tipo. Las revelaciones del proceso judicial que se va a iniciar en breve, por otra parte, ayudarán también a determinar quiénes se han beneficiado de la miseria del pueblo venezolano y a cambio de qué.
La voladura controlada del chavismo no es solo una buena noticia para Venezuela. Lo es también para los países vinculados a Caracas en todo tipo de delitos y muy especialmente para España, víctima del expansionismo narcomarxista, que ha intoxicado la política interna hasta niveles inimaginables en uno de los principales países de la UE.
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