Es lógico que las desdeñosas palabras de Donald Trump sobre la líder democrática Maria Corina Machado hayan caído como un jarro de agua fría sobre una mayoría de venezolanos, que sí la respaldan, que la eligieron masivamente en las primarias opositoras de 2023 y que, ante la imposibilidad impuesta por el régimen chavista de que ella fuera candidata presidencial, votaron por Edmundo González. Ahora bien. Por exitosa y encomiable que les pueda y deba parecer la incursión estadounidense en territorio venezolano destinada a detener al narcoterrorista Nicolás Maduro, que tan ilegitima, empobrecedora y cruelmente ha usurpado el gobierno en aquel país, lo cierto es que el poder todavía lo ostenta el chavismo armado, no la oposición democrática cuyos lideres todavía no saben cuando podrán regresar a su país y donde su partidarios, como no pocos periodistas, a estas mismas horas estas siendo reprimidos y detenidos con la misma saña de siempre.
Lo cierto es que las ilusiones, para ser motor de cambio y no vanas pretensiones ilusorias, han de partir de la realidad y la realidad es que las transiciones duras se negocian con quien puede apagar o prender el incendio, no con quien tiene razón moral. Por repugnante que a cualquier demócrata nos deba parecer la figura de Delcy Rodríguez, ella representa la continuidad administrativa, el control de los ministerios, de los bancos y de los puertos, además de constituir un canal directo con el poder duro del régimen como puedan ser los militares y los servicios de inteligencia.
Ahora bien. Por mucho que Donal Trump, para poder mandar, tenga que contactar con Delcy Rodríguez y otros representantes chavistas, ha de dejar claro que el objetivo último no es alinear los intereses del régimen chavista con los intereses norteamericanos sino con una transición política, todo lo paulatina y reformista que se quiera, hacia la democracia, es decir, hacia los principios que, más aún que los intereses, fundamentan a los Estados Unidos como los de cualquier otro país del llamado mundo libre. En eso debe incidir Donal Trump en lugar de dedicarse a hacer majaderas declaraciones respecto de Groenlandia.
Y es que, aun aceptando que pueda ser ilusoria la idea de que una simple incursión militar como la llevada a cabo este fin de semana pueda provocar en Venezuela una inmediata y completa ruptura con un régimen como el chavista y una inmediata celebración de elecciones libres, esa ha de ser la meta de todo el proceso de reforma, por muy pragmático, paulatino y controlado que se pretenda. En caso contrario, la plausible intervención militar que ha depuesto a Nicolás Maduro y que lo ha sentado en el banquillo de la Justicia dejará de ser el primer paso para acabar con el régimen chavista para pasar a ser una maquillada forma de darle continuidad.

