
Uno de los padres fundadores de lo que más tarde sería la Unión Europea, Jean Monnet, que iluminó su devenir incierto en momentos clave, aseveró que los puntos de inflexión pueden ser origen de recuperación o de hundimiento. La historia reciente indica que la recuperación ha sido la tónica en la caótica situación de Europa posterior a la II Guerra Mundial, en la creación de la UE, en la llegada de la unión monetaria, en la pandemia de la COVID 19… claro que con otros líderes más intensos y con menor número de países a conciliar.
La situación actual se configura como uno de esos momentos críticos que acabamos de reseñar, pero con la imperiosa necesidad de detener la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, dado que Europa no puede desvincularse de la misma, a la manera de como lo está haciendo, subrepticiamente, Estados Unidos, pues la geografía y la geopolítica imponen otras necesidades al único poder capaz de realizar esa tarea, la Unión Europea (UE).
Este momento crítico le llega a Europa sin que la labor se su edificación esté terminada, pues si bien los europeos han consentido en integrarse, lo han hecho en una organización a la que no le faltan las reglas precisamente, pero en la que la Defensa carece de la visión de conjunto que da una unión en torno a unos intereses únicos y comunes, permanentes e institucionales, recogidos en un cuerpo legal que obliga y conduce a todos los miembros; la existencia del "Grupo de Voluntarios sobre Ucrania", que se ha reunido en estos días, da una idea del disperso compromiso europeo.
En estas condiciones, la capacidad de influencia de Europa es más que limitada en las conversaciones de paz que se puedan emprender sobre Ucrania, pues sus líderes nacionales no la representan y los colectivos no poseen todas las voluntades y menos las discrepantes; no existe una opinión única articulada en Europa, solo un deseo de que mejoren las condiciones institucionales, pero no en todos, pues las políticas anti-Europa también han llegado a algunos países miembro.
Si repasamos el nuevo plan de paz para Ucrania, el denominado de "los 20 puntos", reducción negociada del primitivo de Donald Trump de "28 puntos", encontramos diferencias significativas. En el primero se puede admitir que el principal beneficiado era Rusia, no solamente "no pagaba", vía hechos, su vulneración del orden internacional con su invasión de Ucrania sino que se le concedía los territorios conquistados en el este de este país, y también una cierta pero potente opción sobre la soberanía del país invadido, y un negocio futuro en una hipotética colaboración con Estados Unidos y el país objeto. Su única pérdida se cifraba en la utilización de una parte de los fondos rusos "congelados" en Occidente.
Obviamente se ha visto cómo no solo no ha salido adelante ese primitivo plan, sino que, tras una serie de intensas negociaciones, no precisamente con la parte rusa, sino de Estados Unidos y Ucrania, y quizás influencia europea, se le ha dado la vuelta. En el nuevo plan, incompleto de 20 puntos, incompleto porque la cuestión territorial no está resuelta; Ucrania y la UE -esta última en lo que se refiere a expectativas- salen mejor paradas, con la admisión por Ucrania de diferentes opciones territoriales probablemente inexorables, pero sin especificar todavía. Quizás la cláusula más onerosa para el presidente Zelenski sea la obligación de convocar elecciones inmediatamente después de la firma del hipotético acuerdo y el reparto de la gestión, y aprovechamiento de la energía, de la Central nuclear de Zaporiyia, la de mayor potencia de Europa.
Desde luego si el plan es aceptado por Moscú, es decir, por Vladimir Putin, constituiría una gran sorpresa, pues las razones de la continuidad de su agresión son de fondo y todavía no ha conseguido sus objetivos estratégicos y menos con este último plan, por lo que se estima que tampoco tendrá su aceptación tal y como está planteado.
Putin tiene un plan a largo plazo para modificar el orden internacional y Ucrania no es más que una pieza de su dibujo futuro. Su educación KGB se basa en planteamientos de la ex Unión Soviética, adaptados necesariamente a las condiciones actuales, pero sin variar los objetivos. Desprecia como poder a la UE y desea subvertir la OTAN, debilitarla y alejarla de sus fronteras, por lo que el relativo fracaso en Ucrania -fracaso estratégico y militar- no le va a impedir seguir con sus planteamientos a los que, además, la China de Xi Jinping apoya y comparte. Su reciente visita a la India, su aliado permanente y cliente de la energía barata rusa y de su armamento, le dan una fortaleza sustancial en Indo Pacífico.
Europa tiene que asegurar un sostenido apoyo a Ucrania que convenza a Rusia de su persistencia, lo que se traduce en ayuda económica, militar y recuperación de capacidad real de negociación en los niveles decisivos. También, los europeos deben asegurar para el futuro la soberanía y seguridad de Ucrania, mostrando a la par, a Estados Unidos, que Europa no es tan débil como la considera la Administración actual norteamericana.
Sin embargo, la UE, el corazón de Europa, debe tender con celeridad hacia una situación más avanzada de Unión Política, en la que la Defensa sea supranacional, y poseer instrumentos de disuasión ante una potencia nuclear como Rusia, que siempre lo será, mejorando las actuales capacidades nucleares de Francia, y coordinándose debidamente con las británicas, estas fuera de la UE, pero inmersas en la Defensa de Europa.
La perspectiva de una OTAN debilitada, merced a las apetencias geopolíticas de Trump sobre Groenlandia, y sus capacidades operacionales para intentar su adhesión por la fuerza, plantean una situación sombría sobre la Organización Atlántica, la de que un país miembro amenace la seguridad de otro, aunque no es una situación inédita, pues subsiste un enfrentamiento tácito entre Grecia y Turquía, nunca verdaderamente resuelto y origen de algún veto importante todavía que provoca disfunciones en OTAN en una zona vital del Mediterráneo oriental (Implementación del Acuerdo Berlín Plus, vetado por Turquía, que facilitaría capacidades OTAN a la UE, en caso necesario).
En estas condiciones, el rearme ordenado de Europa es una necesidad urgente, con aquellas capacidades que ahora están en manos de Estados Unidos y son realmente las que proporcionan esa autonomía estratégica, tan anunciada como poco lograda. Es necesario que la UE posea un liderazgo fuerte, a la altura de sus contrincantes, que sea capaz de llevar con una sola voz la determinación de sus componentes, solo así se cumplirían las previsiones de Jean Monnet, de que "Europa se forja en sus crisis".
