
José Luis Rodríguez Zapatero es el gran mediador del momento si hemos de creer a Pedro Sánchez, un tipo que ha hecho del respeto a la verdad su principal divisa política. También los medios gubernamentales insisten en la labor intermediadora de ZP en la crisis venezolana, una gestión que estaría dando sus frutos precisamente ahora, cuando la dictadura se viene abajo de manera estrepitosa. Pues bien, es hora de que el expresidente español despliegue sus dotes negociadoras en Irán, el lugar donde más se echa en falta en estos momentos el trabajo de apaciguadores con prestigio internacional como sin duda lo es ZP.
El régimen de los ayatolás acredita méritos suficientes para ser objeto del escrutinio democrático de Zapatero, un experto en dinamitar dictaduras. La represión de la mujer y el ahorcamiento público de homosexuales son dos elementos que cuestionan el feminismo de la izquierda, del que Zapatero es un referente. El ejecutivo de ZP fue muy feminista, aunque no tanto como el de Pedro Sánchez, el más sororo de la Historia a pesar de poner en la calle a cientos de violadores y de sus tratos con el abominable negocio de la prostitución. Pero la inmersión en los problemas de terceros países y su relación con el ejercicio de los Derechos Humanos y la legalidad internacional no es trabajo para un presidente en ejercicio, sino para un contador de nubes como ZP, que tiene tiempo de sobra y el futuro resuelto.
Hay mucho que hacer en Irán. Jamenei y los clérigos que le acompañan en el régimen teocrático chií tienen que poner en marcha una profunda reforma política con perspectiva de género, y esa es una labor en la que Zapatero puede rendir grandes servicios. La siniestra Guardia Revolucionaria Iraní anda también necesitada de una revisión de sus procedimientos de tortura, que reconozca la realidad de las identidades trans de género fluido y no binario. La izquierda occidental guarda un respetuoso silencio sobre todas estas graves cuestiones y permanece impasible mientras las mujeres son asesinadas en las calles de Teherán, pero eso acabará cuando Zapatero aterrice allí y se dé a conocer al pueblo iraní, confundido por las soflamas del aspirante al trono persa y partidario erróneamente de una eventual intervención militar de EEUU.
La eurodiputada Irene Montero podría desempeñar también un gran papel como colaboradora de Zapatero en esta misión, pero tampoco es plan de que el otro le organice una bronca doméstica. Con que le acompañen Leire Pajín y Bibiana Aído, el éxito está asegurado.
