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Cayetana va de Morante por Venezuela

Miren que me fastidia alabar a un político, pero al César, ya saben: la portavoz adjunta del PP firmó una intervención brillante.

Miren que me fastidia alabar a un político, pero al César, ya saben: la portavoz adjunta del PP firmó una intervención brillante.
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, en el Congreso de los Diputados. | EFE

Primer pleno del 2026 en el Congreso de los Diputados. Este jueves, a las once, que todavía es 15 de enero y para qué someter a sus señorías a la tortura desalmada del madrugón. El fundador del Club de Fans de José Luis Rodríguez Zapatero, José Manuel Albares, quien ha pasado de asegurar que el expresidente merece "un respeto superior a cualquier ciudadano" y "hace una labor que el Gobierno defiende y la oposición venezolana también" a, una vez arrestado el tirano Maduro, marcar cierta distancia –"Evidentemente, no actúa en nombre del Gobierno", declaró este miércoles en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros–, compareció para informar sobre la posición del Gobierno "ante la situación en Venezuela", así, en abstracto, y reclamó "diálogo, negociación y respeto de la voluntad del pueblo venezolano" durante cuarenta minutos de reloj, y no recurrió al feminismo, al cambio climático o a la resiliencia porque el chavismo es de izquierdas, que si no, igual comparece el alcaldable Bob Pop.

El titular de la cartera de Asuntos Exteriores discursó ante una audiencia desangelada. El presidente Sánchez, 18 de 22 ministros –sólo asistieron Urtasun, Ana Redondo, Víctor Ángel y el propio Albares–, y Abascal hicieron pellas. Por su parte, Alberto Núñez Feijóo hizo acto de presencia, durante la 'chapa' del socialista, para escuchar a su compañera de partido, Cayetana Álvarez de Toledo, quien, miren que me fastidia alabar a un político, pero al César, ya saben, firmó una intervención brillante.

Antes de nada: la acústica parlamentaria de este jueves fue infame. Por motivos tecnológicos, entiendo, las voces de los ponentes se asemejaban a psicofonías. O cambian/modulan pronto los micrófonos, o a los cronistas parlamentarios nos sustituirán reporteros de Cuarto Milenio.

Total, que va Albares e inaugura el pleno sobre "la situación en Venezuela" subrayando que no sólo de pabellón criollo vive el hombre –y la mujer, claro–, porque no cabe perder de vista la "integridad territorial de Dinamarca", "la guerra injusta en Ucrania", "la represión brutal de manifestantes en Irán" y la "suerte de los gazatíes": "O se es libre, o no se es. O se defiende la soberanía, o se defiende la injerencia". Venezuela, vale, pero tampoco abusemos. Queda claro, ¿no?

El ministro de Asuntos Exteriores señaló al enemigo, "una extrema derecha mundial que amenaza nuestra democracia" –como todo el mundo sabe, Maduro militó en Fuerza Nueva–, y sacó pecho porque su Gobierno ha denunciado "cada violación de los derechos humanos y las detenciones arbitrarias", ha propuesto sanciones desde Bruselas y ha "acogido a cada venezolano que lo necesite". Habrá quien se lo crea. "Ningún gobierno en el mundo", añadía, "ha hecho tanto por el pueblo hermano de Venezuela como este". En ese instante, un cámara enfocaba a Águeda Micó, de Compromís, que se partía la caja a la manera de Úrsula, la villana de La Sirenita.

Qué más: con todos los presentes mirando el móvil, incluidos los ministros, Albares celebró la liberación de nueve "ciudadanos españoles" sin llamarlos "presos políticos", comentó que Sánchez ha hablado con Delcy Rodríguez –¿le preguntaría por Begoña?– y con Edmundo González, exigió "respeto a la soberanía" y, campanudito, concluyó al vacío: "La cooperación es más fuerte que la confrontación".

Tomó la palabra Cayetana Álvarez de Toledo, Feijóo entró en el hemiciclo y la portavoz adjunta del Grupo Popular en el Congreso, como imbuida por el espíritu de Morante, fue a por las dos orejas y el rabo desde el primer minuto: "Trump no ha secuestrado a un presidente legítimo. Ha puesto fin a la impunidad de un criminal. (…) Estamos en el principio del fin del cautiverio venezolano, y ojalá, también del cubano". Como Albares, puso su mirada allende Venezuela. En concreto, en Persia: "Apoyamos las heroicas revueltas en Irán. Mujeres valientes, feministas de verdad, traicionadas por la izquierda. Señorías de Podemos: su feminismo termina donde empieza la financiación iraní". Desconozco si Pablo Iglesias la ha escuchado desde el plató de Canal Red o desde una estación de esquí.

La diputada popular dividió su parlamento en cuatro puntos. En el primero, centrado en los presos, preguntó "cuántos presos ha sacado Zapatero y cuántos ha contribuido a meter": "Denuncian que a Trump le interesa el petróleo. Ya. Y a los socios de Zapatero, ¿los derechos humanos?". También ofreció una comparación lapidaria: "Meloni recibió a los presos italianos a pie de pista; Sánchez escondió a los españoles por una puerta trasera de Barajas". "Queremos a todos los presos libres. Libres ya. Y libres de verdad. Sin mordazas. Porque no son rehenes ni detergente moral para blanquear a nadie, tampoco a ustedes", agregó.

En el segundo punto, centrado en el derecho internacional, Álvarez de Toledo acusó al Ejecutivo de despreciar "el derecho internacional, como desprecian el español y el europeo", y recurrió, nuevamente, a las preguntas: "¿Qué hacía la sancionada Delcy medrando con el hombre fuerte del Gobierno en Barajas? (…) ¿Por qué condenan en Trump lo que aplaudían en Obama? Maduro no está en el fondo del mar". Después, abordó la soberanía de Venezuela –"Con qué ímpetu la defienden ahora contra Trump. ¿Por qué no antes contra Cuba, Rusia o Irán?"– y las, digamos, extracciones presidenciales: "Trump extrajo de Venezuela al usurpador de la presidencia; ustedes, al presidente legítimo. La suya fue una extracción contra la democracia". Finalmente, dio unos apuntes sobre la transición –"El Gobierno socialista quiere reciclar al régimen chavista, quiere salvar a Delcy para salvarse a sí mismo"– y se dirigió a los "socios" de EEUU: "Ninguna transición es moralmente impoluta", pero "Delcy Rodríguez no es la Adolfo Suárez venezolana", del mismo modo que "María Corina Machado no es una dirigente más, una buena chica, sino la líder indiscutible de Venezuela". "El mismo Zapatero", concluyó, "que inició la demolición de la Transición española intenta impedir una transición real en Venezuela, y el mismo Sánchez que blanquea la dictadura venezolana trabaja para vaciar la democracia española". Feijóo le dio dos besos.

Por lo demás, Pepa Millán acertó exponiendo una obviedad: "Europa no pinta absolutamente nada, y España, menos". La portavoz de Vox describía a Zapatero como "blanqueador de una tiranía" cuando una diputada, con más razón que un santo, lamentaba: "¡No se oye nada!". El sumando Agustín Santos se ciscó en el "coro griego trumpista en esta Cámara" –sobra aclarar a quiénes se refería–. Rufián comparó a Trump con Ayuso y Orriols: "Ser un chungo y ser mala persona está de moda, porque da votos, porque así se ganan elecciones, y aquí en Madrid tenemos ejemplos muy claros; en Cataluña, también". Jon Iñarritu, de EH Bildu: "No nos resignamos a aceptar un mundo en el que el militarismo, el autoritarismo y la amenaza rijan". Que le pregunte a Otegi. Y la fiel Belarra, jodida, le reprochaba a Albares no haber mencionado a Trump ni a EEUU: "Habla mucho pero no dice nada". No seré yo quien, en esto, le lleve la contraria.

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