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Diego González

Cien idiotas donde Irán

Hay una razón por la que Greta Thunberg, la activista más activista de todas las activistas, The Activistest, no ha dicho una palabra sobre Irán.

La bandera del sha ondeando en las embajadas de Madrid y Londres. | LD/RRSS

"Irán en la encrucijada", anunció Silvia Intxaurrondo con el habitual tono grave e impostado que precede a una de sus gilipolleces. "Va a ser su sociedad la que decida si puede seguir tolerando la ultraderecha instalada en el poder desde hace décadas". No defrauda, la abajo firmante bienpagá. Lo mismo son los ayatolás que Vox que Trump que las hemorroides. Tremebundo análisis, equiparable en profundidad y alcance a una redacción sobre la primavera en una escuela de primaria de Eritrea.

La Revolución Iraní alcanzó el poder con el apoyo explícito y entregado de la intelectualidad de izquierdas, que odiaba al Sha no por dictador, que los dictadores les encantan, sino por pro occidental. Jean Paul Sartre y Michel Foucault se contaron entre los entusiastas que celebraron el nacimiento de la teocracia iraní, en la tradicional alianza entre comunismo e Islam que nunca ha perdido su vigor. John Maynard Keynes, en una carta a George Bernard Shaw, comparó el Corán con El Capital: dos libros extremadamente influyentes pero absolutamente inanes desde el punto de vista académico. "Sé que hay mucha gente, y no todos son idiotas, que consideran ambos como textos imprescindibles, pero me resulta inexplicable ese efecto". El Islam y la izquierda radical (y mucha de la no-tan-radical) se llevan estupendamente por muchos motivos, pero sobre todo porque los segundos ven en los primeros una auténtica fuerza revolucionaria desde que la clase obrera fue comprada por las comodidades del malvado capitalismo. Por eso la religión es el opio del pueblo, excepto cuando son iraníes colgando homosexuales, egipcios cortando clítoris o Hamasitas violando adolescentes, que entonces la urgencia es llamar al exterminio de Israel.

Hablando de Israel, la misma gente que tuiteaba y escribía furiosa cada cuarto de hora contra ese país lleva semanas guardando un prudente silencio sobre las matanzas a plena luz del día que la Guardia Revolucionaria Iraní está llevando a cabo contra su propio pueblo. Es difícil saber cuántos muertos hay, si mil, dos mil o veinte mil, pero con las cifras que Hamás (perdón: "el Ministerio de Sanidad de Gaza") se inventaba durante la guerra no eran tan pacatos. En todo caso, cuando algún comunista ha dicho algo sobre las masacres iraníes ha sido para dejar claro que no le parecen para tanto. Iraní Montero se mostró compungida, incluso enrabietada, de que la UE impusiera unas levísimas sanciones al régimen de los ayatolás, para el que su pareja trabajó y del que cobró generosamente durante años. La diputada podemita Martina Velarde comparó Gaza con Teherán en estos términos: "Irán es un país soberano con una crisis interna, mientras que Palestina ha sido invadida y ocupada por el estado genocida de Israel". ¿Nota el lector la cuidadosa elección de las palabras? Los fusilamientos masivos de mujeres por quitarse un trapo de la cabeza son "una crisis interna", como, yo qué sé, una manifestación en Checoslovaquia por la subida del precio del pan de molde, pero Israel es genocida y asesino y ocupante e invasor, y además le huelen los pies.

Hay una razón por la que Greta Thunberg, la activista más activista de todas las activistas, The Activistest, no ha dicho una palabra sobre Irán, y es que no le interesa; no le genera interés, en el sentido bancario de la palabra. Greta, como toda la extrema izquierda decrecentista y lunática, valga la redundancia, sólo se apunta a las causas que sean profunda y abiertamente antioccidentales, o sea, antihumanas. Los gazatíes muertos le importan sí y sólo sí pueden servir para azuzar el odio contra Israel; los miles de palestinos ejecutados por Hamás a lo largo de las últimas dos décadas, incluyendo los meses desde el alto el fuego, nunca han merecido ni siquiera una mirada de soslayo por parte de la militancia revolucionaria. Y es evidente por qué, además: Porque no cobran. Todos los movimientos antioccidentales, y la absentista escolar más famosa del mundo no es una excepción, están conveniente y generosamente engrasados por petrodólares (petrorrublos, petroyuanes, etcétera), y nadie muerde la mano que le da de comer. Por eso no grita Greta, porque no es ingrata.

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