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España 2026: adiós al primer mundo

Por desgracia, la política no es algo que se desarrolle en una esfera lejana y no nos afecte; los malos políticos y las malas políticas tienen efectos nefastos.

Los múltiples accidentes ferroviarios de esta semana y las 46 víctimas mortales que han provocado nos enfrentan a una realidad que cada día va calando más en el ánimo y la conciencia de los españoles: el nuestro ya no es un país de lo que popularmente se entiende como "primer mundo", estamos dejando de ser una nación tan desarrollada como las de nuestro entorno y, cada vez más, transmitimos ya no solo la sensación sino la certeza de ser un país atrasado y con problemas tan importantes que comprometen de forma seria nuestro futuro.

A la espera de conocer de forma definitiva las razones concretas de los accidentes y, sobre todo, de la tremenda desgracia de Adamuz, todo lo ocurrido alrededor de la red viaria esta semana –principalmente del ferrocarril pero también de las carreteras, ahí está el cierre de la AP-7– es un ejemplo perfecto del deterioro de nuestro país y, muy especialmente, de cómo ese deterioro ha empezado en la esfera institucional pero ha acabado impactando en las vidas, y nunca mejor dicho, de los españoles.

No es casualidad que todo lo que está ocurriendo en estos días caiga en la órbita del Ministerio de Fomento, el de Koldo, Ábalos, el que contrató a Jésica, el de los altos cargos imputados como Isabel Pardo de Vera, el del ministro tuitero, también conocido como Óscar Puente.

Con unos y con otros, con corrupción y con otras cosas, Fomento, una de las carteras ministeriales más importantes y con mayor nivel de gasto, lleva años en manos de una cuadrilla de aficionados, por no decir unos delincuentes, y por toda España hay rastros evidentes de ello: el sistema ferroviario ya era un desastre antes de la tragedia de Adamuz pero ahora sabemos hasta qué punto, las carreteras están abandonadas como cualquier conductor sabe, en los aeropuertos ha habido hasta plagas de chinches y pulgas…

Y no es el único ministerio que ha caído en el desastre socialista, no es una excepción sino un buen ejemplo de algo que se ha convertido en una norma: el Ministerio para la Transición Ecológica –ridículo hasta en el nombre– nos llevó a un apagón totalmente tercermundista con su política energética disparatada, además de convertir una parte de España en yesca a punto de arder y la otra en terreno abonado para inundaciones desastrosas; Sanidad es un caos que afortunadamente tiene pocas competencias; Interior es el reino de la arbitrariedad; Justicia dedica parte de su tiempo a la redacción de leyes inconstitucionales y otra parte a la defensa de delincuentes condenados mientras los juzgados son un caos…

Pero el problema no son sólo los ministerios, el tsunami de podredumbre política ha anegado todo aquello que le quedaba cerca: RTVE ha dejado de ser la televisión complaciente con el poder de siempre para convertirse en un albañal repleto de inmundicia; el CIS es una broma grotesca que todo el mundo –y sobre todo el Gobierno– se toma como un chiste, aunque no tenga ninguna gracia; el INE cambiaba la medición del PIB a demanda de la ministra; REE nos dejó a oscuras… Y en todos estos puestos tan importantes encontramos un hecho común: o hay socialistas con carné al mando o siniestros personajes que van más allá del servilismo.

Al final, y por mucho que algunos lo olviden en el día a día e incluso en las citas electorales, la política no es algo que se desarrolle en una esfera lejana y no nos afecte, muy al contrario y por desgracia no es así: políticos tan nefastos y con unas ideas tan lamentables como los que nos han tocado en desgracia son capaces de arruinar un país, convertirlo en una sombra de sí mismo, empobrecerlo hasta la miseria y, en suma, de tener efectos nefastos en nuestras vidas… y hasta en nuestras muertes.

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