
Quizá en las papeletas debería haber avisos como los de las cajetillas de tabaco. "Votar a Podemos puede perjudicar seriamente la salud mental", "Votar PP puede provocar ataques incontrolables de vergüenza ajena". Cosas así. Y en la del Partido Socialista un mensaje directo y honesto: El PSOE mata.
"Primero poco a poco y luego de golpe". Así es como la infraestructura estrella de nuestro país se ha ido al guano. Las señales llevaban años sucediéndose. Los sistemáticos caos en Chamartín y Atocha, los descarrilamientos con un puñado de heridos (o con algún muerto), los retrasos habituales, los trenes temblando como un flan en un terremoto, los avisos de los maquinistas sobre el estado de la infraestructura. El gobierno ignoró todo. Óscar Puente, bonobo incompetente, se ha pasado los últimos dos años insultando en redes sociales a los usuarios que se quejaban y bloqueando sistemáticamente a los periodistas que osaban hacerse preguntas. "El ferrocarril en España vive el mejor momento de su historia". Hace año y medio de esa afirmación. Hace dos meses quería poner los trenes de Madrid a Barcelona a 350 km/h, ahora van a la velocidad de una Citroën Berlingo la cuarta parte del camino. Alta Velocidad Eventual. Aleatoria Velocidad Española. El problema no es que llueva sobre mojado. Es que lo hace sobre un pantano, y ya está a punto de desbordarse.
Los accidentes suceden y son impredecibles, pero cuando están Sánchez y el PSOE de por medio no se trata de si sucederán, sino de cuándo. "Los trenes AVE son los segundos más puntuales del mundo". El titular es de 2017. "ADIF limita la velocidad del AVE a 60 km/h en un tramo entre Madrid y Valladolid". El titular es de hace un rato. Hace menos de una década estábamos compitiendo con Japón por tener la mejor alta velocidad del planeta Tierra, hoy competimos con el tren de la bruja de la feria de tu pueblo, pero los escobazos en la cabeza te los da Óscar Puente, mandril intransigente, por protestar. A pagar y a callar, súbdito. Haz sólo caso a los medios oficiales, fuera de Silvia Intxaurrondo todo son bulos de ultraderecha. Criticar al poder es fascismo. Siempre estuvimos en guerra con Eurasia y no se podía saber lo que todo el mundo venía avisando desde hacía años.
No voy a decir que con el dinero que se le pagó a Jessica y a otras prostitutas a sueldo del PSOE colocadas en ADIF y en el Putiferio de Transportes se hubiera podido reparar el raíl a tiempo, pero las excusas gubernamentales tienen la misma credibilidad que las proclamas de amor de Sánchez sobre la pentaimputada de su mujer. A lo mejor con el sueldo de los ¡setecientos ochenta y cinco! enchufados del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias podría haberse hecho algo, pero nunca lo sabremos. Las llamadas a "no politizar" la tragedia por parte de la gente que politiza hasta cagar sentado son sólo la constatación de que aún no han conseguido elaborar un relato exculpatorio. Con la Dana de Valencia lo tuvieron fácil: le cargaron la factura a Mazón y le organizaron una campaña de acoso y de odio hasta que dimitió, pese a que la mayoría de los muertos se habrían podido evitar con unas obras (aún pendientes) que dejaron de hacerse porque el golpismo catalán necesitaba dinerito para la mansión bruselense de Puigdemont y un par de embajadas en Kuala Lumpur y Ulán Bator. Las decenas de miles de muertos extra que tuvimos que padecer durante la pandemia por la extraordinaria incompetencia de Sánchez, Illa y Simón se taparon con la acusación absurda contra el gobierno de la Comunidad de Madrid. Y coló, porque la prensa perruna de izquierdas siempre mantiene prietas las filas, poblada de inútiles sin talento alguno que se quedan sin comer si el PSOE cierra el grifo. Pero esta vez es distinto: no hay un muñeco evidente a quien cargarle la catástrofe. Sucesivos chivos expiatorios se van sucediendo sin que cuaje ningún relato. El cambio climático, un fantasmagórico sabotaje, el peso de los trenes que no son de Renfe (no me lo invento) la liberalización del mercado ferroviario, el capitalismo, la afición de la abuela al tabaco de liar… todo menos lo obvio. La falta de mantenimiento. La incompetencia. El desvío de fondos. La corrupción a la vista de todos. Los cuatro jinetes del apocalipsis: la P, la S, la O y la E.
