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Pedro Gil Ruiz

Cuando Eva Perón vino con un pan debajo del brazo

No es casual la coincidencia entre los extremos a izquierda y derecha en el Parlamento Europeo

En la misma noche del accidente de Adamuz, cuando aparecía en su crudeza la magnitud de la tragedia y se desconocían las causas, recibí un guasap: "el ministro (de transportes) está muerto políticamente". "Las que han muerto son muchas personas", contesté. Recuerda Ignacio Varela, en El Confidencial, que en la mañana del 11 de marzo de 2004 "en cuanto entré por la puerta del comité electoral del PSOE, casi sin saludar me lanzaron a bocajarro la pregunta: ¿qué efecto tendrá esto (los atentados terroristas) sobre las elecciones del domingo?... Habría agradecido que me dieran un minuto para compartir el horror". Sin ir tan lejos, tras el desastre de las inundaciones en Valencia, lo más bonito que le llamaron a Mazón fue asesino.

Con frecuencia se escuchan comentarios acerca de lo difícil que será reconstruir la confianza en las instituciones y la convivencia entre españoles, después del destrozo provocado por el sectarismo izquierdista del PSOE y sus aliados. Sectarismo correspondido desde el otro extremo. Me pregunto quiénes serán los encargados, y si se les dará el tiempo y la confianza necesaria, para afrontar tan encomiable y difícil tarea. Porque, visto lo visto cuando hay una desgracia, la concordia no aguanta ni el luto oficial. Francisco de Goya nos representó sacudiéndonos garrotazos pero no perdamos la esperanza. Somos un gran pueblo, el único problema es que, divididos en partes más o menos iguales, el odio y el desprecio es reciproco. Algunos hacen carrera excitándolo, a izquierda y derecha, para "ganar el relato".

Eva Perón vino con un pan… y con 400.000 toneladas de trigo, 8.000 de aceite, 20.000 de carne congelada, 10.000 de lentejas… En 1947 la sociedad española sufría las penalidades del aislamiento internacional al régimen de Franco. Juan Domingo Perón rompió el aislamiento. El 8 de junio de ese año llegaba Evita al Aeropuerto de Barajas. Además de alimentos también nos regaló un trofeo donado por el Club Atlético San Lorenzo de Almagro a la Federación Española de Fútbol. Se acordó que el Trofeo María Eva Duarte de Perón lo disputarían el campeón de Liga y el de Copa. El Real Madrid ganó el primer año, en 1948. Pero esta es otra historia.

Setenta y nueve años después de la ayuda de Argentina a España, patriotas que pueden pasar por herederos políticos del franquismo, votaron en el Parlamento Europeo, junto con la extrema izquierda, el bloqueo del Acuerdo con el Mercado Común del Sur (Mercosur) del que Argentina fue fundadora. ¿Se habrá enterado Milei de que su correligionario Abascal le ha dado calabazas? Son las contradicciones de la globalización.

Una de las ventajas de pertenecer a la Unión Europea es que, en ocasiones, se puede protestar junto a los agricultores franceses sin temor a que los galos te ataquen y destruyan la carga. En Bruselas, las organizaciones agrarias se manifestaron contra el Acuerdo UE-Mercosur, que se firmó el 17 de enero en Asunción (Paraguay). A los cuatro días (21 de enero) se produjo la mencionada votación en la que una extraña alianza de extrema izquierda y patriotas europeos aprobó remitir el texto al Tribunal de Justicia de la Unión. Una maniobra de dilación que recuerda el veto de Valéry Giscard d'Estaing a la entrada de España en el Mercado Común. El 5 de junio de 1980, el presidente de la República Francesa, se dirigió a la Asamblea de Cámaras de Agricultura. Allí lo anunció. "No me parece posible combinar los problemas e incertidumbres asociados a la prórroga de la primera ampliación con los que surgirían de nuevas adhesiones… ¡Viva la agricultura francesa! ¡Viva Francia!" Con un palmo en las narices. Unos meses después fue 23 de febrero.

El veto de 1980 convirtió a España en ese enemigo al que responsabilizar del declive agrario francés. Joseph Palau, presidente de la Federación nacional de productores de verduras lo resumía: "Oui à l'Europe, non à l'Espagne et à la Grèce". Siempre hay un enemigo. Hoy lo son Marruecos y los productores del Mercosur. Las sociedades avanzan y el buen gobernante busca un mayor bienestar para sus ciudadanos. La política es el arte de lo posible. Gestionar contradicciones. Buscar el acuerdo que no contenta a ninguno, pero satisface a todos. Los populistas reaccionarios engañan con consignas fáciles y rehúyen el compromiso. Su especialidad es señalar enemigos. Cuanto peor mejor.

En la Comisión Europea afirman que el Acuerdo Mercosur abrirá un acceso sin precedentes a la región para los agricultores y productores de alimentos europeos. Que se espera un aumento de las exportaciones agroalimentarias de hasta un 50%. Que reducirá los aranceles sobre productos agroalimentarios clave de la UE, como el vino, las bebidas espirituosas, los productos lácteos y el aceite de oliva. Pero las organizaciones agrarias temen una competencia desleal por la afluencia de productos agrícolas del Mercosur. "Carne por automóviles", denuncian. También les preocupa que las ayudas directas de la Política Agraria Común (PAC) se vean reducidas. La PAC tiene asignado para el período 2021-2027, 387.000 millones de euros del presupuesto comunitario. Es su mayor partida. El Acuerdo con Mercosur ha establecido un fondo de 6.300 millones de euros, a partir de 2028, que actuará como nivel adicional de protección en caso de perturbaciones del mercado. Para proteger nuestro sector agrícola y limitar el volumen de productos sudamericanos en el mercado europeo, se han negociado diversas cuotas y medidas de protección. Un ejemplo: La UE permitirá el ingreso a su mercado de 99.000 toneladas de carne de vacuno sujetas a un arancel del 7,5% (1,6% de la producción total de la UE).

La agricultura europea lleva años dopada. Hay muchos motivos para que siga siendo así. Históricos, culturales, de cohesión del territorio. Pero, admitamos que en no pocas ocasiones, el objetivo de las algaradas es el aumento del presupuesto. Los franceses son maestros en ello: proteccionismo y subvención. Es contagioso. Y no olviden que donde hay subvención prospera el fraude.

No es casual la coincidencia entre los extremos a izquierda y derecha en el Parlamento Europeo. Esta Unión Europea que venden como irrelevante y decadente, pero donde hay cola para entrar, es un objetivo a batir para los totalitarios, de Putin a Trump. Sembrando miedo buscan que les compremos una burra ciega.

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