
El desahogo con que el Gobierno trata de imponer sus últimos chantajes antes de que la legislatura se desplome definitivamente es realmente notable. Será muy difícil encontrar en el futuro algún ejemplo de un gobernante en minoría que actúe con la desvergüenza de Pedro Sánchez, un personaje que ya tiene garantizado su lugar de honor en la gran enciclopedia del esperpento político.
Los socialistas han sido siempre muy de asustar a los viejos. En los años ochenta del siglo pasado, los caciques izquierdistas avisaban a los ancianos de que si ganaba la derecha perderían su pensión, una mentira tan burda que resultaba terriblemente eficaz. El felipismo se hundió, Aznar llegó al poder y los jubilados vivieron mejor que nunca, sobre todo porque veían a sus hijos con trabajo y a sus nietos con un cierto futuro de bienestar. El engaño dejó de funcionar y ni siquiera Zapatero, el tipo con menos escrúpulos que ha dado la política española hasta que llegó este de ahora, utilizó el miedo a perder la pensión como argumento electoral.
Lo de chantajear a los que menos tienen es un recurso desesperado que retrata al que lo utiliza como un miserable, pero a Sánchez eso le da igual y a Bolaños (¡qué personaje también!), todavía más. Es impresionante ver al mayordomo del sanchismo levantando la vocecita en la tribuna del Congreso, para que todos los jubilados de España se enteren de que van a pasar hambre por culpa del PP y Vox. Y de Puigdemont.
El Gobierno podría sacar adelante la subida de las pensiones del 2,7% evitando que los abuelos tengan que ir a buscar comida a los contenedores. Le basta con llevar esa medida al Congreso de los Diputados sin mezclarla con la basura ideológica del "escudo social". No lo hará, y está bien que así sea, para que la tensión social llegue a su más alto nivel.
Sánchez ha pergeñado su decreto sabiendo que no se aprobaría con el fin de influir en la campaña electoral de Aragón, a ver si Pilar Alegría consigue que Vox no le adelante en las elecciones del próximo día ocho, lo que sería todo un éxito tal y como están las cosas. Pero no parece que ese chantaje ridículo a los jubilados le vaya a funcionar. Sánchez es tan odiado que la mayoría de los pensionistas aragoneses votarían en su contra incluso perdiendo dinero. Seas joven o viejo, acabar con el sanchismo es la prioridad.
