Algunos libros sorprenden desde su título y, además de la impresión sugerente que produce, encierran tesis subterráneas que no se mencionan expresamente. No hace ni un año que salió un libro titulado en español "The Book. La Guía Definitiva para Reconstruir La Civilización, parte de una colección que pretende dar respuesta a preguntas, no tan infantiles, sobre nuestra historia.
Si se fija uno bien, en el título subyace la tesis del peligro de un apocalipsis de la civilización tal y como la conocemos. En realidad, da por supuesto que tal hecatombe puede ocurrir. Por ello, examina los que a su juicio son elementos absolutamente imprescindibles a recuperar de sus ruinas para reconstruirla y volver a vivir de una forma parecida a cómo se vivía antes del desastre.
Si el cataclismo histórico ya se ha producido, su reconstrucción debe ser dirigida por una estrategia general que atienda a cosas, a animales, a plantas, a juegos, a habilidades. El libro comienza precisamente por cómo encender el fuego y recoger agua. Si no hay cerillas ni gas y tampoco hay grifos ni tuberías, ¿cómo lo haremos para volver a experimentar el consuelo de un mínimo bienestar? Lo de reinventar la máquina de escribir, la radio o la penicilina ya es de nota, pero se tratan en el libro. Y mucho más.
Mientras hojeaba sus páginas y ojeaba sus curiosas y numerosas ilustraciones, se me vino a la cabeza la experiencia reciente de la democracia surgida de la Transición y la Constitución de 1978, antes admirada y reverenciada por muchos, y ahora tan atacada, ignorada o desarticulada que no pocos ciudadanos, de creencias políticas varias, se plantean con toda seriedad y responsabilidad si no estamos viviendo un apocalipsis de la democracia en España que exigirá una reconstrucción completa.
Tan sólo con detenerse en algunos hechos significativos de estos días pasados, se hace urgente la pregunta de si realmente estamos ya en plena demolición. Ahí está el caso de la próxima regularización de inmigrantes, ilegales, claro, porque si no carecería de sentido la medida. No quiero mencionar siquiera la maniobra de distracción que supone para que se difumine el escándalo moral y político de los fatales incidentes ferroviarios.
Tampoco me quiero referir ahora a su puesta en cuestión del valor de la legalidad, de la tarea de las fuerzas de seguridad, del desprestigio de las leyes vigentes y de los encargados de hacerlas cumplir sino a la marginación del Parlamento de su consideración y aprobación. Se hará por Decreto-Ley sin pasar por el Congreso. Como es costumbre.
Desde 1976, se han aprobado casi 800 Reales Decretos-Leyes, cada vez más minuciosos y extensos, tanto que parecen sustituir a las leyes ordinarias. Sobre todo, bajo el gobierno de Pedro Sánchez el ritmo en el uso de una herramienta que la Constitución exige se restrinja a casos de extraordinaria y urgente necesidad y no se afecten los derechos y libertades, ni siquiera a los derechos electorales (ah, ¿no?), se ha disparado. Si Felipe González aprobó una media anual de 9, Sánchez se acerca ya a 25. El Congreso,, ¿para qué?
El otro ejemplo reciente que pondré es el de la negativa del escritor recomendado por la flor y nata de la izquierda española, David Uclés, a coincidir en un acto cultural con José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros. Del primero dice que es quien "más daño físico ha hecho a este país recientemente" y del segundo que fundó un partido "que atenta contra mi libertad de expresión, contra mi derecho a existir.."
Lo de Aznar (que casi muere a manos de ETA) es calumnioso y malbabado. Y lo de Espinosa de los Monteros ilógico y ridículo. Sin embargo, ambas afirmaciones dan una idea de cual es el sectarismo esclerótico de esta izquierda absurda o ignorante o miserable. En un libro anterior ya relató: "¡Mi padre decía que en la historia reciente de Iberia hubo dos dictadores! Y ambos con bigote." (Fíjense, Iberia). Como no se recuerda a Oliveira Salazar con bigote, ¿quién será ese segundo dictador? Adivinen. ¿Quién sobrevive a un "demócrata" que juzga así? De Úbeda es, precisamente, una ciudad donde la Guerra Civil fue tan espantosa. Realismo trágico, bien diferente a la propaganda mágica.
De la matanza ferroviaria, ¿para qué hablar? ¿Es que no hemos tenido suficiente con la presencia de Koldo, Ábalos, Cerdán y sus muchachos en los mejunjes de las contrataciones de reparación de las vías? ¿Es que es normal que un presidente no vaya a dar explicaciones en el Congreso hasta dentro de dos semanas? Es que todo, hasta el funeral suspendido, ha sido bochornoso. ¿Es lo que debe consentir una democracia normal con 45 muertos inocentes y aún calientes?
El daño que el socialismo sanchista, con sus sanguijuelas comunistas y separatistas, ha hecho y sigue haciendo a las esperanzas democráticas de esta nación son de tal envergadura y de tal calado que vamos a necesitar muy pronto una Guía para la reconstrucción de la democracia en España. Si yo tuviera influencia, congregaría a un grupo de españoles de bien para que la fuera preparando. Nos va hacer falta volver a aprender qué es convivir y gobernar en una sociedad democrática en cuanto este tipo de La Moncloa convoque elecciones, si es que lo hace en tiempo y hora. Cualquiera sabe.

