De la modernización al tercermundismo
No lo saben bien los de Sánchez, pero el mito de la modernización de España se está desmoronando.
Se recuerda estos días cómo era el AVE aquel, el primero, el que inauguró orgulloso el Gobierno de Felipe González. Era el trayecto Madrid-Sevilla. Hicieron falta muchos años, exactamente dieciséis, para que la alta velocidad española uniera las dos mayores ciudades del país, Madrid y Barcelona. Fue bajo otro Gobierno socialista, el de Zapatero. No es que la inversión en alta velocidad fuera solo cosa del PSOE, pero esas dos grandes líneas se estrenaron con ese partido en el Gobierno. En el primer AVE, del que ahora se hace memoria con aureola mítica, se puso especial acento en la puntualidad, y no por azar. Era un modo de marcar la diferencia con la vieja Renfe, la de antaño, en la que la falta de puntualidad era un mal endémico con el que el viajero debía acostumbrarse a convivir. Hoy, con la red de alta velocidad más extensa de la Unión Europea, tenemos otro tipo de problemas y de mayor gravedad.
El primer AVE representó, junto a otros proyectos de aquella época y aquellos Gobiernos, la gran apuesta de un PSOE que había dejado atrás rémoras ideológicas poco idóneas para poder llegar a gobernar en un país de Europa occidental. No renunció al poder retórico de las proclamas anticapitalistas, que acentuaba en ciertos mítines y delante de cierto público, pero percibió que lo que se quería entonces era pasar de un país con servicios e infraestructuras anticuados o modestos comparados con otros, a un país que se modernizara e igualara a los del entorno. El ingreso en la Comunidad Europea era la puerta hacia la deseada convergencia. El PSOE leyó correctamente las expectativas y reemplazó el compromiso con las viejas señas revolucionarias por el compromiso con la modernización. El significado y el contenido de la modernización iría cambiando, pero esa ha sido siempre la gran promesa, el gran mito sobre el que se ha levantado el poder de los socialistas en España. Hasta ahora.
No lo saben bien los de Sánchez, pero el mito de la modernización de España se está desmoronando. Lo están derribando ellos mismos. Si el AVE Madrid-Sevilla fue el símbolo del despegue fulgurante de la modernización española, el trágico accidente de Adamuz es el signo de su final, la señal fatídica de la decadencia. Esta es la percepción que cunde, sea justa o injusta, objetiva o parcial: estamos pasando de la modernización al tercermundismo. Y no hay manera, o no la hay fácil, de separar ese retroceso de la acción o inacción del Gobierno. Siempre pueden derivar culpas a la época de Rajoy, a la que cargan con todo haciendo omisión de la gran crisis. Pero ha sido con Sánchez cuando más colocados del partido se han puesto en empresas públicas. Ha sido con Sánchez cuando el ministerio de Transportes fue sede de una trama de corrupción, con extracción de mordidas por contratos de obra pública concedidos a dedo. Y ha sido con Sánchez, ocho años ya, cuando el deterioro, inexorable, pasa factura. El PSOE no sólo va a perder el Gobierno. Va a perder el gran mito sobre el que ha levantado su poder durante décadas.
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