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Dos muertos en Minneapolis valen más que treinta mil en Irán

Un iraní golpeado por los agentes del ICE hubiera tenido, en esos Grammys y en el Occidente entero, el apoyo que no han tenido decenas de miles de iraníes asesinados en su país.

Un iraní golpeado por los agentes del ICE hubiera tenido, en esos Grammys y en el Occidente entero, el apoyo que no han tenido decenas de miles de iraníes asesinados en su país.
Un hombre sostiene un cartel en una protesta este martes contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). EFE/ David Toro Escobar | EFE

En las democracias occidentales se han globalizado las buenas causas como nunca antes. Hay legiones de virtuosos preparados y dispuestos a no pasar una a los malos del planeta. Medios, redes, oenegés, políticos o activistas están ahí para poner el foco en los abusos y las matanzas que ocurran no importa dónde y movilizar las conciencias ya sensibilizadas. Esta es la teoría. Así se ven o así nos vemos, como sociedades y personas de altos estándares morales, los más altos que ha habido, comparando con unos predecesores más pobremente materialistas, más indiferentes, menos concienciados. Nunca la humanidad ha sido tan buena y sensible, al menos, en las democracias y nunca se ha mentido tanto a sí misma.

El alto concepto en que se tiene el ejército virtuoso que cree hacer frente a los malos del planeta no resiste el contraste con la práctica y resulta, por eso, aún más repelente. Como se ha visto con nitidez este mes de enero. Nuestra superior conciencia se manifestaba en vigilancia y condena de todo lo que sucedía en Minneapolis con las deportaciones de inmigrantes, mientras se ausentaba casi por completo de la masacre de los que protestaban en Irán. En España, los medios, las redes, los activistas y los políticos estaban en Minneapolis, volcados minuto a minuto. Todavía están. La detención de inmigrantes ilegales en el estado de Minnesota ha llevado a Sánchez a pedir el voto para el PSOE en Aragón. Claro, es el gran tema en portadas y telediarios. Unos meses antes habría metido en el reclamo a los palestinos de Gaza. Pedro es el prototipo del virtuoso global contemporáneo, un espécimen donde el oportunismo no es la excepción, sino la regla; por eso, encaja.

Los periodistas de otra época solían decir, con el cinismo que era marca del oficio, que un muerto en el propio país era noticia, pero tres mil muertos en China no lo eran. Había entonces quien creía que la diferencia venía de la distancia en kilómetros, pero viene de la distancia cultural. Aunque la distancia cultural, que es lo que hay entre identificarse o no con las víctimas, no explica sola la asimetría Minneapolis-Irán. Las almas de cántaro querrán atribuirla a la cantidad de información: Estados Unidos la produce como churros; de Irán no llega apenas nada. Pero cuando no llega, se busca. Y no se busca. Sabemos los nombres de los dos activistas muertos en Minneapolis por disparos del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas. No sabemos el nombre de ninguno de los miles de iraníes masacrados a tiro limpio en las calles de una veintena de ciudades del país.

Vale, bien, con tan poca información y tanta dificultad para conseguirla, qué te esperas, me dirán. Lo digo. Espero que no presuman tanto de altos estándares morales. Espero menos autocomplacencia. Espero más reconocimiento del propio sesgo. Que es por Trump, es decir, contra Trump, por lo que están pendientes, volcados minuto a minuto en lo de Minneapolis. Mientras que lo de Irán, ya se sabe. Como es una dictadura asesina, pues no puedes esperar que haga otra cosa. Lo decían con Israel. Como es una democracia, le exigimos más. A los terroristas de Hamás, como son terroristas sanguinarios, no les exigimos nada. El argumento más idiota y autojustificativo que se ha inventado. En las democracias occidentales hay una industria de las buenas causas. En su cima dorada están las celebridades, tales como Bad Bunny y otros ricos y famosos en los Grammys, siempre en el lado correcto de la historia. Correcto y provechoso. Un iraní golpeado por los agentes del ICE hubiera tenido, en esos Grammys y en el Occidente entero, el apoyo que no han tenido decenas de miles de iraníes asesinados en su país. Virtuosos globales, cómo para depender de ellos.

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