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¿Desaire al rey o ajuste de cuentas con la monarquía?

El ataque a la monarquía da réditos electorales en los márgenes del sistema y los voxeros compiten con Podemos y Alvise.

El ataque a la monarquía da réditos electorales en los márgenes del sistema y los voxeros compiten con Podemos y Alvise.
Santiago Abascal, en un mitin en Cuarte de Huerva (Zaragoza). | EFE/Javier Cebollada

El jefe político de la extrema derecha afirmó que el presidente del Gobierno no había asistido a la misa funeral por las víctimas del accidente ferroviario de Ademuz porque "no se atreve". Seguramente tiene razón. Pero él tampoco acudió. ¿Qué motivos tuvo el señor Abascal para no hacerlo? Para muchos fue un menosprecio hacia los fallecidos y los familiares que sí estuvieron presentes. Un cálculo político de quien se dice ajeno a las marrullerías de la política. El jefe de Vox le dio más importancia a unos minutos de demagogia en un mitin electoral que a compartir el dolor y la liturgia que lo alivia.

En Barbastro, Abascal justificó su ausencia porque a él no le gusta fingir y porque su obligación y la de los suyos "no es sacarnos una foto en un funeral poniendo caras de pena". Palabrería que busca enmascarar su desprecio hacia aquellos que sí mostraron respeto a las víctimas, el rey Felipe VI el primero. Mientras Liliana Sáenz y su hermano Fidel, hijos de una de las fallecidas, con la Virgen de la Cinta y un Cristo observándoles, se dirigían a las más de cuatro mil personas que lloraban y escuchaban en silencio la letanía, Abascal se convertía en portavoz de unas victimas que, según él, le "han dicho que no querían a los políticos en el funeral". Arrogancia que esconde el verdadero motivo de su ausencia. El señalamiento, uno más, de la monarquía como cómplice de un sistema corrupto que él está llamado a combatir y corregir.

Al igual que sucede con la extrema izquierda, los extremistas de derecha necesitan enemigos para armar su discurso. La monarquía es heredera del franquismo para unos. Mientras que para los otros es perjura y traidora. Además, hoy peca de acomodaticia y con ello ahonda en su descredito. Porque "si quien ciñe la Corona confunde neutralidad con sometimiento, o estabilidad con complacencia hacia el poder político, puede contribuir involuntariamente a dilapidar un legado que no le pertenece en propiedad, sino que custodia en nombre de la nación". La cita es del artículo "La Monarquía como principio, no como instrumento", que el presidente de la Fundación Denaes y dirigente de Vox, publicó en la web de la Fundación el pasado 26 de diciembre. Fue la contestación al discurso de Nochebuena que Felipe VI había pronunciado dos días antes. Una advertencia nada velada: "Porque cuando la Corona deja de ser principio para convertirse en instrumento, deja de ser Monarquía". Un axioma que permanece inmutable en el pensamiento político de la extrema derecha. Desde Blas Piñar: "La Monarquía viene caracterizada por la concurrencia en la misma de dos principios: el de unidad y el de sucesión. La unidad se refiere al poder. La sucesión se refiere a la dinastía… La diferencia entre ambos radica en que si la unidad de poder se excluye no hay Monarquía, mientras que si la sucesión dinástica se suprime, el régimen monárquico permanece." (¿Hacia la III República, 1979) Del jefe de Fuerza Nueva al de Falange. José Antonio Primo de Rivera: "La Monarquía, que empezó en los campamentos, se ha recluido en las Cortes… Nosotros entendemos que la Monarquía española cumplió su ciclo, se quedó sin sustancia y se desprendió, como cáscara muerta el 14 de abril." (Discurso en el Cine Madrid, mayo de 1935). La monarquía constitucional es un artefacto inservible si no se ajusta al guion de los guardianes de las esencias. Los ataques a la Corona comenzaron cuando el rey firmó la Ley de Amnistía ¿Comenzaron en ese momento o fue la excusa?

Abascal dio plantón al jefe del Estado el 12 de octubre del pasado año, argumentando que los actos de la Fiesta Nacional servían para blanquear a Sánchez. Semanas después, a finales de noviembre, Vox anunciaba que no asistiría al acto en conmemoración del 50º aniversario de la Monarquía en el Congreso, presidido por los reyes. Repitió el motivo: el acto blanqueaba al Gobierno. Lo mismo dijo para no asistir al funeral, solo que esta vez se escudó en unas víctimas. El ataque a la monarquía da réditos electorales en los márgenes del sistema y los voxeros compiten con Podemos y Alvise. Entre ellos, Pedro Sánchez, que como el envidioso visir Iznogud, "quiere ser califa en lugar del califa". Independentistas, batasunos, extrema izquierda, el PSOE de Sánchez, CCOO y UGT, los Abascal-Alvise, todos hostiles contra el rey Felipe VI y la princesa Leonor. No es un juego.

Constitución del 78 y monarquía parlamentaria son los pilares de nuestra convivencia. De una sociedad de libres e iguales. Consecuencia de un momento excepcional e inhabitual en la historia de España. Debemos ser conscientes de que su pervivencia no está a salvo si una conjunción de sectarios y oportunistas cargan contra ellas, como primer paso para despellejarse seguidamente.

En la obra de Blas Piñar citada anteriormente, el autor especula sobre la posibilidad de una monarquía sin monarca "Cabe, pues, doctrinalmente y en la práctica, un régimen monárquico cuyo jefe de Estado no lleve el título de rey, y en el que, conservada la unidad de mando, no se suceda en el mismo por el juego de la herencia en una estirpe o dinastía".

Quizá fantasee el señor Abascal con que la historia le reserve este destino. Está en su derecho, pero no se fie porque los envidiosos y descreídos son legión. Tenga presente como encumbran al aspirante a líder y como, cuando tienen al arrogante atufado con los vapores del éxito, disfrutan dejándolo caer desde lo más alto para que se desmoche. Recuerde a unos tales Rivera, Iñigo, Iglesias… Avisado queda.

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