La escapada a Caracas del siniestro Zapatero
Son muchos crímenes, muchos muertos, muchos presos sobre sus conciencias. Y un desprecio absoluto por la vida, la libertad y la democracia.
El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero ha podido tomar un vuelo a Caracas a pesar de las últimas revelaciones sobre los 450.000 euros que le pagó el asesor de la compañía aérea Plus Ultra, Julio Martínez Martínez por "consultorías globales". De momento ni siquiera se le ha llamado a declarar y mucho menos se han adoptado medidas cautelares, a pesar de que en su situación no es desdeñable el riesgo de fuga.
Rodríguez Zapatero se ha marchado a la capital venezolana para formar parte de una nueva mascarada de Delcy Rodríguez, el anuncio de una ley de amnistía con la que blanquear los crímenes del régimen y convertir el vaciado de las mazmorras chavistas en una especie de acto de generosidad suprema de un régimen en descomposición y tutelado por la Casa Blanca. Y ahí va Zapatero, a sacar pecho, a presumir de ser una suerte de mediador en favor de los presos políticos, lo que es una mentira descomunal, un insulto a los venezolanos asesinados por el chavismo, una ofensa a los presos y una muestra más de la ínfima catadura moral del personaje.
El padrino de Sánchez y el embajador de la dictadura venezolana pretende vender a la opinión pública la especie de que se ha desvelado por la situación de los miles de presos políticos de Venezuela cuando su verdadero papel ha sido el de apuntalar el régimen, validar el último pucherazo de Maduro y forrarse con las "consultorías globales" y otros negocios derivados de las materias primas del país caribeño, según denuncias de personalidades como Julio Borges, el expresidente de la Asamblea Nacional de Venezuela exiliado en España. En una entrevista en esRadio, Borges ha expresado con toda crudeza el riesgo de que el regreso de Zapatero a Caracas contribuya "a reciclar el madurismo sin Maduro", a que la tiranía criminal se presente como parte de la solución en vez de como el principal problema con el aval de un personaje tan bochornoso, oscuro, siniestro y viscoso como el expresidente español.
La connivencia del socialismo español, del Gobierno socialista de España, con la dictadura venezolana es una auténtica vergüenza, un ejemplo de la deriva totalitaria del sanchismo, una muestra de desprecio por los derechos humanos y por la democracia que provoca escalofríos. Ningún Gobierno mínimamente democrático ha dado apoyo a la dictadura venezolana. En cambio Sánchez y sus socios de Sumar y de Podemos se volcaron en defensa de la "victoria" de Maduro en las últimas elecciones. Y aún tiene el cuajo Zapatero de viajar a Caracas a fin de explotar las circunstancias y presentarse como el libertador de los presos políticos. Él, que ha validado a los carceleros, que maniobró para sostener a Maduro, que presionó para que el Gobierno de España blanqueara el inmenso pucherazo y la represión asesina contra los demócratas de Venezuela.
Zapatero y el Gobierno de España defendieron a Maduro como defienden ahora la posición de Delcy Rodríguez, quien seguramente puede enterrar a sus patrocinadores españoles en toneladas de documentación sobre sus negocios y pelotazos, sobre la financiación de sus organizaciones, chiringuitos y asesorías. Les llega el fango hasta el cuello y más arriba porque han sido cómplices de lo que ha pasado en Venezuela hasta el momento en el que los Estados Unidos capturaron a Maduro. Son muchos crímenes, muchos muertos, muchos presos sobre sus conciencias. Y un desprecio absoluto por la vida, la libertad y la democracia.
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