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José García Domínguez

Lo de Rufián

El genuino problema de la izquierda a la izquierda del PSOE no son hoy los espacios electorales sino los espacios mentales.

El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, atiende a la prensa durante el pleno del Congreso de los Diputados, este martes en Madrid. | EFE

Con permiso de Corea del Norte, este es el país más raro del mundo; sin duda, lo es. Resulta que Gabriel Rufián, el mismo que luego del 1 de octubre iba a marcharse de las Cortes, no antes de dar un sonoro portazo, para jamás volver a pisar el suelo de la potencia colonial opresora durante el resto de su vida, va a liderar una coalición de separatistas de surtido pelaje para salvar España. Porque lo de salvar España, por lo visto, ahora también es una cosa de Junqueras, Otegi, la señora esa del BNG que nunca me acuerdo de cómo se llama, y otra tropilla centrífuga por el estilo. Se lo cuentas a un norteamericano y no te cree. Pero el caso es que sí, que andan en ello.

Si bien, más allá del regodeo y la coña valleinclanesca, no se acaba de entender el sentido político de la operación. Porque el teatral, huelga decir que se capta a la primera; pero el otro, el político, yo confieso que no logro identificarlo por ningún lado. Porque una alianza electoral de ese tipo posee lógica en unos comicios europeos, cuando toda España se constituye en un único distrito electoral a efectos del reparto de escaños, pero en ningún otro supuesto. En unas generales, la gente vota a candidatos de la provincia de Lugo, Teruel, Cádiz o Albacete. Y en Lugo da igual que la Esquerra vaya en coalición o no con el separatista local; y da igual porque la Esquerra en ningún caso se iba a presentar por Lugo en solitario.

Una coalición nacional de partidos no nacionales, la excéntrica marcianada que anda tramando Rufián, constituye un invento electoral muy parecido al aquel que, en otro contexto, asó la manteca. Pero el genuino problema de la izquierda a la izquierda del PSOE, lo que Alfonso Guerra consideraba con lúcida clarividencia que debiera ser competencia exclusiva de la Guardia Civil, no son hoy los espacios electorales sino los espacios mentales. Y es que no tienen nada que proponer a su clientela; absolutamente nada de nada. Así de simple.

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