Adamuz y la satisfecha negligencia de Pedro Sánchez
Sin dirigirse una sola puya el uno al otro, Feijóo y Abascal han demostrado que son mucho más eficaces cuando se complementan y aúnan fuerzas
Se supone que Sánchez iba a comparecer por fin este miércoles ante el Congreso para abordar las causas y las consecuencias del descarrilamiento de Adamuz en el que fallecieron 47 personas y la caótica situación que padece el sistema ferroviario español. Sin embargo, la fría y brevísima intervención del presidente del gobierno -apenas 30 minutos a pesar de no tener límite de tiempo- se ha reducido a vanagloriarse de nuestro sistema ferroviario, a cuestionar como no definitivo el informe que señala el mal estado de las vías como causa del descarrilamiento y a acusar y reprochar al PP los "bulos" así como la tragedia de la dana o el accidente del Yak 42.
Así, y a pesar de que la inversión ferroviaria del Gobierno de Sánchez ha bajado un 42,5% con respecto al volumen total de kilómetros de vía, y a pesar de que España lidera los descarrilamientos de tren en la Unión Europea -en nuestro país se produjeron el 19% de los descarrilamientos a pesar de que España representa el 8% de toda la red ferroviaria de la UE-, Sánchez ha tratado los retrasos, parones y descarrilamientos -incluido el de Adamuz- como simples "incidencias" para a continuación manifestar con total desfachatez que "España tiene uno de los mejores sistemas ferroviarios del mundo".
Ni que decir tiene que Sánchez no ha pedido perdón por que Óscar López mintiera -o cuanto menos se equivocara- al manifestar que se había hecho "una renovación completa" e "integral" de la vía en la que se produjo el accidente, sino que, por el contrario, el presidente se ha dedicado a acusar al PP de "crear confusión" con esa expresión que, según Sánchez, significa una mera "sustitución de componentes". Teniendo la desfachatez de mentar los protocolos y las normativas que de hecho no ha cumplido, Sánchez ha ocultado que no solo el sentido del lenguaje sino hasta la normativa de Adif exige "cambios completos en renovaciones integrales (balasto, traviesas, carril)", lo cual contradice la versión de Oscar Puente que Sánchez ha tenido la caradura de sostenella y no enmendalla.
Rechazando el dictamen de las investigaciones que determina como causa del accidente la falta de renovación y mal estado de las vías, Sánchez ha apelado a "seguir investigando" para ocultar en un inalcanzable futuro esas causas que delatan su responsabilidad política y hasta posiblemente la responsabilidad penal por negligencia del ministro.
El único consuelo de esta patética sesión parlamentaria lo han constituido las esplendidas intervenciones de Feijoó y Abascal que han noqueado al presidente. Si el primero se ha preguntado con razón "¿qué tiene que pasar para que este Gobierno se sienta responsable de algo y qué tiene que pasar para que sus socios se lo exijan?" al tiempo que ha pedido a Sánchez que "encargue a sus abogados que lo miren todo porque les va a hacer falta", el líder de Vox le ha espetado que "no hay luto ni cortesía política que nos impida decir que la corrupción mata".
Sin dirigirse, por una vez, una sola puya el uno al otro, los dirigentes de ambas formaciones, obligados por sus respectivos electores y la lógica más elemental a entenderse, han demostrado que son mucho más eficaces cuando se complementan y aúnan fuerzas contra su adversario común. Y ese no es otro que el muy incompetente, muy negligente y muy satisfecho de sí mismo presidente de gobierno.
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