Menú

Burka y alienación marxista

Ni la ablación ni el burka debemos inscribirlos en el derecho a la libertad religiosa. Y por tanto, el recurso a los artículos 14 y 16 de la Constitución en los que se ampara la izquierda carece formalmente de soporte constitucional.

Ni la ablación ni el burka debemos inscribirlos en el derecho a la libertad religiosa. Y por tanto, el recurso a los artículos 14 y 16 de la Constitución en los que se ampara la izquierda carece formalmente de soporte constitucional.
Unsplash/Majid Korang beheshti

Hay dos signos de identidad religiosa en el Islam que no aparecen en el Corán ni están inscritos en la cultura musulmana desde su nacimiento: El burka y la ablación. Sin embargo, se suelen identificar erróneamente como preceptos religiosos. No es así. Tanto uno como la otra, son prácticas preislámicas y no exclusivas del islam. En su origen, el burka tuvo funciones vinculadas con la protección del rostro de las inclemencias del clima, como la arena del desierto en sociedades del Medio Oriente y Asia Central; mientras la ablación tiene su origen en prácticas culturales supersticiosas y de control sexual en zonas de África, aunque no exclusivamente. Ésta última fue rápidamente incorporada a la cultura musulmana; pero el burka tal como lo conocemos hoy en día como precepto religioso no irrumpiría hasta el S.XX con el reinado de Habibullah Khan en Afganistán, primero dentro de las élites para preservar el rostro de las mujeres de sus harenes, y con la llegada de los talibanes al poder (1996-2001 y desde 2021) se impuso de forma generalizada.

Bajo este régimen talibán el burka no es una prenda opcional. Forma parte de un sistema jurídico que excluye a la mujer de la educación secundaria y universitaria, limita su acceso al trabajo, restringe su movilidad sin tutor masculino y la invisibiliza en el espacio público. Es un símbolo antropológico donde la mujer no es sujeto autónomo sino propiedad tutelada por el macho.

Ni la ablación ni el burka debemos inscribirlos en el derecho a la libertad religiosa. Y por tanto, el recurso a los artículos 14 y 16 de la Constitución en los que se ampara la izquierda carece formalmente de soporte constitucional. En el caso de la ablación porque ya es un delito penal (Art. 149 del Código Penal). Y en el del burka como prenda de segregación tampoco la ampara la CE en nombre de la libertad religiosa, si fuera el caso, porque ésta no es absoluta. La Constitución española protege la libertad religiosa (art. 16), pero la somete al orden público constitucional. Y ese orden incluye la igualdad entre hombres y mujeres (art. 14), la dignidad (art. 10) y la integridad moral (art. 15). Ningún derecho fundamental es absoluto cuando entra en conflicto con la estructura básica del Estado democrático. El propio Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha admitido que los Estados pueden limitar el uso de prendas que cubren completamente el rostro en espacios públicos por razones de orden público, seguridad y protección del modelo de convivencia democrática (caso S.A.S. vs. Francia, 2014). Francia, Bélgica, Dinamarca o Austria han adoptado restricciones parciales o totales sin que ello suponga persecución religiosa.

Pero he unido el destino del burka a una de las prácticas culturales más crueles de la historia porque, de la mutilación física a la emocional, únicamente dista dos tipos de terror, el físico y el mental. La ablación te mutila físicamente, el burka te encarcela y te despoja de identidad. En un caso te discapacita para el placer sexual y pone en riesgo tu vida, en el otro mutila tu libertad y te arrebata el derecho que disfruta el carcelero sin limitación alguna. Y en la mayoría de los casos destruye la autoestima que cualquier ser humano adquiere al socializarse creciendo con derechos iguales entre iguales. La adolescente no eligió ese destino de sumisión, ni la mujer que será mañana habrá aprendido otra forma de vida que la que le impusieron cuando no tenía capacidad alguna para elegir. La mutilación es la misma, una física, la otra mental. ¿Eso es cultura? Sí, claro, como todo lo que ritualizan los seres humanos. Pero no toda cultura es buena per se. De hecho, la cultura, toda cultura es coerción (Freud). Es nuestra manera de domesticar la naturaleza y la relación entre los hombres. Pero no toda manera de hacerlo es justa. El canibalismo, la esclavitud, los sacrificios humanos o la ablación son prácticas crueles. Como las mazmorras de tela de los talibanes.

Para no dulcificar la comparación, describiré las diferentes prácticas de ablación o mutilación femenina:

  • 1. Citoridectomía: Consiste en la ablación total o parcial del clítoris. Es la menos radical.

  • 2. Ablación intermedia: Extirpación del clítoris y de los tejidos adyacentes e incluso de los labios menores.

  • 3. Infibulación: Se extirpan también los labios mayores. Se deja un pequeño orificio para el paso de la orina y el flujo menstrual. El resto se cose y se abre a cuchilla la noche de bodas.

Si han llegado hasta aquí sin maldecir la sacralización de determinadas libertades culturales reparen en las infecciones, incontinencia urinaria, úlceras, fístulas, hemorragias temporales o permanentes, incluida la muerte. Secuelas para toda la vida. Normalmente llevadas a cabo cuando las niñas cumplen 5 años. Aunque no únicamente. Más de 3 millones de niñas cada año son mutiladas por sus entornos culturales, a menudo sin higiene ni instrumental adecuado.

Según datos de UNICEF (2023), más de 230 millones de mujeres y niñas vivas hoy han sido sometidas a alguna forma de mutilación genital. Cada año, alrededor de cuatro millones de niñas están en riesgo. Se practica en al menos 30 países de África y Oriente Medio, con prevalencias cercanas al 99% en Somalia y superiores al 85% en Guinea, Mali o Sudán. ¡Ojo!, no es un precepto únicamente islámico. Se practica también en comunidades cristianas coptas y animistas. A la vez, no en todos los países de mayoría musulmana se producen tales prácticas o son insignificantes, como Marruecos, Argelia, Túnez, Turquía o Indonesia.

En la película autobiográfica "La flor del Desierto" (2009), la modelo internacional, escritora y activista somalí contra la mutilación genital, Waris Dirie narra su trágica experiencia vital sometida de niña a la mutilación y obligada a casarse a los 14 años. Huyó de Somalia para escapar de ese matrimonio forzado hasta llegar a Inglaterra, descalza y sin medios. Una vida épica y trágica que provoca escalofríos. En el enlace está la película entera.

Y mientras en el mundo mutilan a millones de mujeres, en España la izquierda, en nombre de la libertad religiosa, defiende las mazmorras de trapo con tanta desvergüenza como ignorancia. Su termómetro feminista en España es tan sensible que a menudo abrasa, pero el que utilizan para detectar abusos en Afganistán, Yemen, Irán… contra las mujeres, parece de piedra pómez.

Pareciera que estos marxistas veteados de Vogue y Sabino Arana hubieren olvidado la teoría de la alienación en la que basaban antaño su legitimidad para negar la existencia enajenada en el cielo con la que nos dan la murga a diario contra la cultura cristiana en la tierra. Su laicismo es selectivo. Como su feminismo. Lo que sirve para negar las navidades cristianas, se torna exigencia de respeto para los atropellos contra los derechos humanos del Islam. Oírlos en el Congreso defender el Burka en nombre de la libertad religiosa clama al cielo. Ellos, que contra el patriarcado de nuestros padres denuncian infinitas formas de alienación contra la mujer en Occidente, no ven alienación alguna en la imposición del burka en el Islam. Ellos, que armados con la ideología Woke, rastrean y detectan sutiles formas de perpetuar en nuestra vida diaria ese maldito patriarcado, no ven ni rastro del más cruel de todos: el que impone el macho talibán a la mujer desde que nace para enajenar su aprendizaje neuro cerebral de interacciones sociales basadas en la igualdad, la libertad y el respeto por su humanidad. Muy al contrario, el burka amaestra su mente en la sumisión, castrándolas emocionalmente para el resto de sus vidas. O al menos esa es la intención. Hasta el punto de que ellas misma practican las mutilaciones a sus propias hijas. Es preciso subrayar que no todos los Estados de mayoría islámica caen en esta práctica aberrante, muchos han firmado los tratados internacionales de derechos humanos, aunque a menudo subordinan su aplicación a la sharía, lo que en la práctica limita derechos fundamentales, especialmente de las mujeres.

Puedo entender que la iniciativa de VOX en el Congreso para prohibir el burka y el niqab en los lugares públicos fuera una sucia treta para criminalizar a la inmigración, pero de ahí a convertir el burka en un símbolo de la libertad de la mujer y un derecho cultural que los no musulmanes estamos incapacitados para comprender, va un trecho insalvable juzgado desde la historia de la emancipación de la izquierda ilustrada.

En el reparto de papelones no faltó ni Junts. Para simular su alma xenófoba tras el burka del catalanismo sin reflejarla en el espejo de Vox se reservó para mejor ocasión. Y lo de Yolanda y Patxi, de fumatas. Si escucho a estos dos perlas en Tik-Tok sin el soporte de los medios de comunicación hubiera supuesto sin dudarlo un segundo, que eran burdos bulos creados por IA. A la altura de sus exabruptos estuvo la histriónica representante del grupo mixto, Àgueda Micó de Compromís, que hizo la intervención más histérica y subsrealista de la cámara. Ya que no estaba Rufián, aprovechó para emularlo.

El discurso más sensato fue sin duda el de Esther Muñoz, la portavoz del PP, aunque se guardó mucho de no importunar a Vox. No estuvo mal tampoco la intervención de la representante del PSOE, Andrea Fernández Benéitez, que a pesar de argumentar contra la propuesta expuso valores de fondo razonables para salvar el trago. Lástima que sus compañeros de filas, Yolanda y Patxi se la embarrasen después con las pezuñas sectarias de la ideología más zafia. El debate entero (del minuto 1H:15' a 2h:21')

PD: Mientras acababa de teclear este texto, el PP ha filtrado la presentación de su propia iniciativa de Ley para eliminar el Burka del espacio público fundamentada en la igualdad de la mujer, y sin hacer referencia alguna a la inmigración y a la religión islámica, bajo el eslogan: "Es sumisión". Por fin el PP actúa con agallas, oportuno y sin caer en todos los errores que cayó Vox. Una jugada maestra que deja fuera de juego al PSOE y a Junts. Y los obligará a retratarse.

Temas

En España

    Servicios

    • Radarbot
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida