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Cuatro años de "guerra de guerra", cuatro conclusiones

Una generación de políticos que solo vive para minimizar daños no dará solución a los grandes retos del futuro.

Una generación de políticos que solo vive para minimizar daños no dará solución a los grandes retos del futuro.
Tropas rusas atacando a Ucrania en las proximidades de Bakhmut en 2022. | LD/Agencias

En el cuarto aniversario del comienzo de la invasión de Ucrania por Rusia, se están realizando numerosos análisis desde muy distintas ópticas: las nuevas armas, la geopolítica, la economía o la energía. Si comparamos esta guerra con otras anteriores nos tenemos que remontar a las guerras del siglo XVII para observar periodos tan largos bélicos con tan escaso resultado territorial.

Pero esta guerra, por pequeña que pueda parecer en el océano del mundo, ha producido ya unas consecuencias que marcarán el devenir de las próximas décadas, y que afectan a todos.

La fundamental es que sitúa a Europa a las puertas de un conflicto bélico profundo y extenso con Rusia, con consecuencias en el mundo de la energía, las materias primas, la agricultura, y lo que es más relevante, con una posición neutral de Estados Unidos. La amenaza rusa no terminará con la muerte de Putin sino con el colapso total del país como ocurrió en 1991, y mientras esto no se produzca viviremos años intensos, de extraordinario esfuerzo militar y de toma de decisiones de enorme gravedad. Rusia no está interesada en la paz en Ucrania sino en mantener la tensión mientras reactiva a marcha forzada su arsenal con una economía que lleva en modo guerra más de tres años, cuando se acabaron las existencias iniciales de armamento y material.

La segunda conclusión es que Europa no es operativa, no funciona, países más pequeños que la Comunidad de Madrid no pueden bloquear decisiones trascendentales para 400 millones de personas. Falta un auténtico ejército europeo con un mando político único y eficiente. Si no avanzamos en este camino de forma urgente quizás sea mejor desmontar todo y volver a las alianzas multilaterales o bilaterales para proveer de seguridad al continente. La Unión Europea debe reinventarse o morir.

La tercera tiene unas consecuencias geoestratégicas enormes. La nueva posición norteamericana da la espalda a la Europa que no le gusta y aspira a subvertirla y someterla al movimiento MAGA. Los aranceles y el enfrentamiento con China son las nuevas prioridades de Trump para aislarse de problemas locales que soluciona por vía militar como Venezuela, Cuba, Irán y ya veremos cuál es el próximo. Esta situación podría transformarse radicalmente si los republicanos pierden las elecciones en noviembre de forma clara y se agotan los recursos de Trump para permanecer en el cargo más allá de su mandato.

La política exterior de Trump tiene pocos apoyos y lo vimos ayer en las encuestas previas al discurso de estado de la nación, que resultó más de lo mismo, como si Trump ya diera todo por perdido o ganado. Si se mantiene la hostilidad hacia Europa, necesariamente China se convertirá en un socio preferencial de todos nosotros, lo que sería un escenario nefasto para Estados Unidos y seguramente a largo plazo también para nosotros. Este aspecto es la gran incertidumbre que el mundo deberá despejar en los próximos dos años.

La cuarta conclusión es de índole nacional. España ha quedado una vez más fuera de las decisiones importantes sobre la seguridad europea. Se mantiene como una burbuja que prospera económicamente, pero a costa de un modelo de escaso valor añadido y pérdida constante de competitividad. La política exterior y de seguridad será el eje de los próximos años y parece que estamos más enfangados en la corrupción, en la ignorancia, en el debate político doméstico, discutiendo sobre cosas nimias que mueven al electorado en lugar de pensar en grande. Una generación de políticos que solo vive para minimizar daños no dará solución a los grandes retos del futuro.

Tenemos amenazas, buques fantasmas que cruzan por nuestras aguas, una peligrosa carrera de armamentos en el sur, amenazas yihadistas y nosotros estamos en desmontar todo lo bueno conseguido y en aventurarnos en historias políticas, económicas y de seguridad que no piensan en el interés general sino en los particulares. Volvemos a la política de la Restauración y viendo cómo acabó, esperemos altura de miras y reformas que nos hagan más fuertes políticamente, sin necesidad de ser gobernados desde la cárcel, el exilio, el odio o la venganza.

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