La declaración de José Luis Rodríguez Zapatero ayer en la "Comisión Koldo" de la Cámara Alta agrava las sospechas que se ciernen sobre su papel en el rescate irregular de la compañía aérea Plus Ultra. Los hechos, reconocidos por el propio Zapatero, nos sitúan ante una sociedad creada por su amigo Julio Martínez, que carecía de empleados y de actividad empresarial conocida, cuyo único cliente era la aerolínea chavista y sus únicos proveedores Zapatero y sus hijas.
La familia del expresidente se embolsó 660.000 euros por unos trabajos que podrían ser ficticios a tenor de lo que se vio ayer en el Senado, pero lo más escandaloso de todo este asunto es que, mientras Zapatero le cobraba a su amigo 70.000 euros anuales a cambio de unos folios copiados de internet, la sociedad pagadora gestionaba el rescate de la compañía aérea, culminado con una inyección de 53 millones de euros procedentes de las arcas del Estado.
Zapatero también admitió que la contratación de la empresa de marketing de sus hijas en este turbio asunto se realizó a petición propia, al reconocer que "Cuando Julio Martínez me propuso ser consultor yo acepté pero le pedí que también se incluyera a mis hijas", a pesar de que carecían en aquel momento de experiencia acreditada en el mundo de la publicidad.
El expresidente presumió de su "valoración de mercado" como consultor y lo cierto es que tiene toda la razón, siempre que el cliente potencial pretenda hacer negocios con dictaduras como la de Venezuela, donde Zapatero tiene un gran predicamento entre la camarilla que ha destruido al país, asesinado a miles de opositores, torturado a muchos más y provocado el exilio de ocho millones de ciudadanos. El caso de la aerolínea rescatada por el Gobierno de España acredita sobradamente el valor de sus gestiones a ambos lados del Atlántico.
Zapatero pretende hacer creer que no intermedió en el rescate financiero y que sus únicas labores fueron la elaboración de unos folios de corta y pega, tarea que podría haber realizado cualquier becario. Se da la circunstancia de que el dinero percibido por los Zapatero coincide prácticamente con la prima del 1% del contrato con el chavismo encontrado en el ordenador de su amigo Julio Martínez, detenido en diciembre pasado por el escándalo del rescate de la aerolínea, lo que agrava las sospechas de que podría tratarse de un mero testaferro.
Al margen del reproche penal que en su caso puedan formular los tribunales, lo cierto es que el cúmulo de datos conocidos y el tracto sucesivo de cómo fueron ocurriendo los hechos apuntan a que Zapatero se habría lucrado ejerciendo de intermediario con el chavismo, a cuyo blanqueamiento político ha dedicado sus mayores esfuerzos desde que abandonó la presidencia del Gobierno de España.

